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Sobreviviendo en Colombia

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Juan Manuel Nieves R.

Un amigo español llegó hace un par de semanas a abrir empresa en Colombia. Animado con las proyecciones del país se aventuró a emprender; al llegar se ubicó en un buen barrio y abrió oficina cerca de su residencia; a la semana, dos sujetos en una moto le pusieron un arma en su cabeza y le robaron el celular. Merced a la algarabía el robo no fue mortal.

Fue difícil explicarle que en Bogotá ningún sector es seguro y, con algo de sorna, se lamentaba por no emprender en Sídney. Su segunda sorpresa fue el terrible tráfico que padecemos; tuvo que reprogramar gran parte de sus reuniones para llegar a tiempo y aprender que cuando llueve, hay que contar con varios minutos más para poder atender a tiempo las diligencias. La tercera sorpresa fue la lentitud de los trámites: dos semanas poniendo una conexión a internet y más de un mes abriendo una cuenta corriente para un tercero, la cual se logró acudiendo a una “palanca”.

Colombia lleva meses teniendo un gran aumento de la inversión extranjera; el año pasado creció 24%, distribuido principalmente en el sector minero y petróleo, financiero y manufacturero; el turismo ocupó un poco más de 7% de ese total según datos de presidencia.

Pero el mayor repunte ha ocurrido este año, con un crecimiento con respecto al año anterior de 69% según el Banco de la República. Hay sectores que se están fortaleciendo en el país, pero como en toda economía, es imposible que ocurra en todos al tiempo; debido a ello el desempleo ha subido unos puntos, pues sectores como la construcción no han tenido un gran repunte.

A pesar de estas buenas noticias, hacer empresa en Colombia para un extranjero no sigue siendo tarea fácil; en primer lugar, la seguridad en las ciudades es un tema que no está siendo controlado; según la tasa de victimización de la Cámara de Comercio de Bogotá, 20% de la población ha sido víctima de un delito directa o indirectamente y 69% cree que la inseguridad ha aumentado.

Dichas cifras reflejan la prevención ciudadana y las advertencias que con razón recibía el amigo español; hoy en la capital no se está seguro ni en su propio barrio y lo peor, en el plan de desarrollo propuesto para la capital se va a reducir la inversión en seguridad para destinarlo a otros rubros.

Si en el momento sobrevivimos con la poca capacidad policial y sin posibilidad de defenderse, no parece muy lógico que se reduzca, sino que aumente.
La excesiva burocracia en los trámites resulta también un gran impedimento; no es justo que nos acostumbremos a los procesos lentos, a la falta de confianza en el prójimo y a la inseguridad constante; no es posible que nos resignemos a llegar tarde o a pasar horas aguantando una lluvia.

En Colombia aprendimos a vivir con miedo y a que jueguen con nuestro tiempo; tal vez una verdadera revolución no deba pasar por canciones fútiles o la destrucción de lo privado, sino por exigir que valoren nuestro tiempo y que ciudadanos y mandatarios cumplan con su deber.

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