Hace unos días, con tristeza, una pareja venezolana nos contaba cómo duraron luchando más de 20 años en su país por mantener una empresa de construcción; resignados decidieron dejar todo y venirse a aventurar a Colombia. Con rabia recordaban que sus sueños, bienes y familia quedaban en el pasado y la esperanza del futuro en Venezuela se volvía cosa del pasado.

La primera conclusión de ellos es que a los primeros que emigraron fue a quienes mejor les fue; era posible en el país vender los bienes a un precio decente; hoy son irrisorios y no vale la pena poner en venta un carro o un inmueble. Segundo, al emigrar rápido su ciudadanía aún no era un problema para los otros países; hoy las restricciones abundan y su estadía es cada vez más difícil. Por último, concluían que sus padres no quisieron venir a Colombia; los viejos prefieren hundirse con el barco, con los sueños, con lo construido toda la vida.

El vecino país cierra el año con una inflación de 1.438% y una transición más fuerte al pleno control estatal; sus viciadas elecciones (aplaudidas por algunos líderes que sueñan lo mismo en Colombia) radicalizaron el proceso a una dictadura disfrazada; recordemos que en Cuba y China también se realizan elecciones y el control absoluto del Congreso era un paso que tenían pendiente.

Lo grave es que hay una facción completa de gente apoyándolos; no están solos; décadas en la miseria llevaron a que un segmento de la población prefiera un pan diario a nada; no es la desigualdad, es la pobreza; y los mandatarios socialistas saben que alimentando con el mínimo a la pobreza tendrán seguidores siempre, los suficientes para seguir de largo, descomponiéndose, probando su fracaso de nuevo en la historia.

El éxodo de venezolanos ya confirma más de 5 millones en el mundo y casi 2 millones en Colombia según Acnur; su permanencia es una realidad y los problemas que trae consigo hay que saber enfrentarlos. Echarles la culpa de todo lo malo es irrisorio; con tanta gente necesitada, seguro se cuelan malandros, pero la delincuencia en Colombia ha estado disparada mucho antes de que ellos llegaran. Hay casos exitosos en la sinergia de culturas como ocurrió en Perú con el ingreso de chinos y japoneses; experiencias existen, hay que saber adaptar lo bueno, ofrecerles formalización en el trabajo y aplicar toda la justicia a quienes vengan a delinquir.

Un país nunca deja de descomponerse, Cuba lleva años recorriendo la miseria y todavía continúa, Venezuela por tanto tiene mucho camino por recorrer donde la esperanza ya no tiene cabida. Dicha realidad requiere una dosis de caridad y comprensión por parte de los colombianos; por parte del gobierno, estrategias en la formalización laboral, pero también contundencia y cautela; no suena bien las más de 300.000 cédulas expedidas a venezolanos que se demostró vinieron por aquella y regresaron a su país.