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Analistas 22/04/2022

Nubes negras para Colombia

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política

Las nubes negras que se vienen posando sobre la economía desde ya hace dos años con la pandemia trajeron, al principio, un sinnúmero de quiebras para los empresarios, recesión económica en la mayoría de los países y una situación de pobreza en muchas familias.

En su momento, los gobiernos tomaron varias medidas, entre las cuales estaban: subsidios de desempleo, la posibilidad de contratar de urgencia en Colombia, imprimir dinero como Estados Unidos y hasta suspender el cobro de cargas públicas. A su vez, las bancas centrales redujeron los intereses para tratar de estimular en algo el consumo. Estas medidas de emergencia fueron modificándose, con la esperanza de que la normalidad volviera. Sin embargo, ocurrieron tres hechos imprevistos: el covid duró más de la cuenta y su nueva variante el ómicron trajo consigo grandes olas de contagio; la segunda, al comenzar a reabrir el mundo, las flotas de barcos y las empresas de logística estaban quebradas o agremiadas, lo que trajo un freno al comercio mundial y un gran incremento de precios; y la tercera, la guerra entre Rusia y Ucrania terminó por frenar el libre intercambio de bienes en el mundo.

La principal consecuencia que se está viviendo es el aumento gradual de precios a nivel mundial. La inflación llegó con fuerza, en especial a los países que decidieron imprimir dinero; según el Fondo Monetario Internacional, Estados Unidos tiene una inflación de alrededor de 8,5%; la Zona Euro de 6% y los países emergentes y en desarrollo de 8,2%, repercutiendo, según ellos, especialmente en los alimentos y los combustibles. Frente a este panorama se prevé un fuerte endurecimiento de las políticas monetarias de los países. En Estados Unidos su banco central no solo se encarga del control de la inflación, sino también del PIB y el desempleo, por lo tanto, tendrá ajustes drásticos con consecuencias por verse.

En Colombia, la inflación en marzo se situó en 8,53% según el índice de precios al consumidor; el Banco de la República subió las tasas de interés a 5%, esto, con el fin de frenar el consumo y tratar de frenar el alza. Para poner un ejemplo del encarecimiento, según el Dane, las frutas frescas subieron de enero a abril $1.000, los granos $1.400, los pescados $5.000, las carnes $4.000 y los tubérculos $1.500. Es decir, la canasta familiar está subiendo y ello necesariamente genera malestar social.

No se puede culpar al gobierno de turno por la situación presente, aunque se lamenta no tener un buen mensaje de austeridad por su parte. El panorama, aunque complicado, presenta algunos retos que deberá asumir el país: el primero es aumentar su producción de materias primas para abastecer el mercado interno, ante el encarecimiento del comercio internacional, la producción local debería tener un estímulo adicional; el segundo y más difícil: evitar escoger el populismo, la fuga de capitales está servida con la situación económica, elegir mal le daría la estocada final a una economía que comienza a tener el agua al cuello.

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