Analistas

Marchar, ¿para qué?

Señala el maestro Ricardo Amado Castillo que los ciudadanos se movilizan siempre ante las emociones, ya sea rabia, desesperanza, miedo, indignación… internamente ellas definen qué está en juego y cuál es el enemigo. Así, con esos elementos las personas deciden salir a las calles.

Las marchas o la movilización por tanto no solo es un derecho contemplado por nuestra Constitución en su artículo 37, sino una reacción natural de los ciudadanos ante una amenaza o mejor  a un sentimiento. Marchar incluso a veces es un deber, por ejemplo ante un mandatario tirano o una inminente vulneración de los derechos fundamentales. 

Es común en estos días oír a las personas decir que las marchas no sirven para nada. Para todos ellos es bueno recordarles la march for life marcha anual que nació en 1974 en donde se reclamaba por los derechos de los no nacidos. Año por año se ha venido haciendo y se ha convertido paulatinamente en un referente mundial en el tema, al punto que este año se hizo presente el vicepresidente de los Estados Unidos Mike Pence y asistieron más de 650.000 personas. Ejemplos como el anterior se cuentan por cientos, algunos desestabilizadores como las marchas en contra de Bachelet o Dilma Rusself, incluso la reciente que se terminó volviendo en contra de Juan Manuel Santos. Y aquí yace una de las claves de la movilización: el enemigo no puede ser etéreo, siempre termina llevando nombre y apellido. 

Los ciudadanos sin acceso a los medios tradicionales, sin padrinos políticos o sin tener una persona que los represente no podrán jamás acceder a la agenda del país. La única forma de volverse noticia y de acaparar atención de los factores reales de poder será juntarse y salir a las calles. A nadie por lo tanto se le pasa por la cabeza censurar las marchas en Venezuela donde ciudadanos acongojados por el régimen no tienen ninguna otra opción que salir a protestar.

Por tanto deslegitimar la salida pacífica de personas que están en desacuerdo por el rumbo que lleva el país, que marchan contra la corrupción o incluso que salen por los derechos de los animales, es un desconocimiento del mundo político o un acto de soberbia. 

Ahora: para que las marchas terminen en un cambio, es necesario que la efervescencia se canalice y se concrete en unidad de mando. Los convocados a las calles deben ir unidos a elecciones y en Venezuela deben tener una vocería al unísono y no líderes de oposición opinando por separado. Las marchas necesitan unos objetivos y una unidad, esto nos recuerda cómo marchas separadas y revueltas sueltas se volvieron ejército con la llegada del General Enrique Gorostieta en la guerra de los cristeros en México o como marchas pacíficas cogieron forma y objetivos con Mahatma Gandhi en la India. Las marchas siguen vigentes y tienen toda la validez: volverlas proyecto, he ahí el reto.