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Tribuna Universitaria 04/02/2022

La corrupción empieza en casa

Juan Manuel Nieves R.
Estudiante de Comunicación Política
JUAN MANUEL NIEVES

En las últimas encuestas, el mayor índice de cansancio ciudadano sigue siendo la corrupción; tiene el primer lugar, por encima del empleo y la seguridad; los escándalos casi semanales han hecho mella en el electorado y hoy todos claman por un cambio, sin importar a dónde conduzca el pretendido viraje.

Indignarse por los robos en las entidades estatales es fácil; criticar los gastos suntuosos en choferes, comidas y hospedaje es un sentir generalizado. Sin embargo, el tema de la corrupción va más allá, no es solo el mal gasto público; la esfera de aprovecharse de los recursos públicos para su propio bien es un asunto ético. Michael Sandel señala que bajar de categoría las cosas es corromperla; un abogado que por dinero abandona su cliente, está corrompiendo su profesión; un estudiante que paga por un examen, está corrompiendo su estudio o una madre que desquita sus frustraciones con violencia en sus hijos, está corrompiendo su función de ser madre; así la corrupción se expande por todos los ámbitos de la vida y se vuelve un tema ético.

Erradicar las malas costumbres de una sociedad requiere un esfuerzo importante en materia de educación; ética se enseña en países nórdicos con la intensidad de matemáticas; en Colombia, es una materia de relleno que se ve, si acaso, una hora a la semana ¿Por qué comportarse bien con los demás no se ve importante?

La respuesta puede tener muchas causales, pero una de ellas es el egoísmo: quien pasa por encima de los demás para obtener sus objetivos en un cargo público, terminará apropiándose de los dineros públicos para su provecho. Es poco probable que una persona en la función pública llegue a sacar provecho sin que antes en su vida diaria lo haga con otros temas; la malicia indígena, que tanto se aplaude, le termina costando millones de pesos a Colombia.

Transparencia Internacional cada año publica un listado en donde evalúa distintas variables en materia de corrupción y su percepción; Colombia lleva 11 años en calificación baja, con 39 puntos de 100 posibles, y ocupando el puesto 89 a nivel mundial; si bien subió cinco puestos, no fue porque mejorara, sino porque países como Argentina y Marruecos descendieron en el mal manejo de recursos públicos. Este estancamiento refleja el descontento ciudadano y la incapacidad del gobierno actual y el anterior; ninguno ha sido capaz de enfrentar decididamente el problema.

La corrupción empieza por casa, pero como es imposible que el gobierno interfiera en cada techo, debe hacerlo en la educación pública; la ética no debe ser una materia de relleno; la trampa desde pequeños debe ser castigada y no aplaudida; el ser mejor con el compañero debería ser inculcado; para ello se requiere capacitar a profesores y seguramente enfrentarse a Fecode; este sindicato ha bajado la categoría de ser profesor, al anteponer intereses políticos y dinero a la educación de los niños; sus paros calculados y sus apoyos irrestrictos corrompen la noble labor de ser educador.

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