Analistas

Colombia en paro

Cumple más de 30 días el paro de Avianca y deja como pérdidas más de US$80 millones a la aerolínea, sin contar las pérdidas asociadas en hoteles, turismo y hasta en el sector bancario.

Las huelgas han sido un medio de presión, en principio legítimo, ante los abusos de tantos patrones y empleadores; obras como Germinal de Emile Zolá o la Rebelión de las Ratas de Fernando Soto Aparicio, mostraron la realidad de miles de trabajadores mineros que en condiciones ínfimas se buscaban su sustento, y así fue como, con la conformación de grupos sindicales, lograron distintas conquistas sociales que hoy el mundo occidental considera justas.

Sin embargo, en muchos de los casos los sindicatos se han vuelto una piedra en el zapato para los distintos gremios, pues en su actuar hay algo claro, sus reclamos son egoístas, piensan no en el sector donde trabajan sino en sus beneficios individuales; así, el sindicato de educadores, reclama mayores beneficios para los profesores, mejores pensiones, aumento salarial y bonos, como ocurrió con el del presente año; nunca pidieron una mejor calidad en la educación, mejoras en las instalaciones donde laboran o incluso mejor material para enseñar.

Es por ello por lo que los últimos paros y huelgas no han gozado de mayor apoyo popular. Avianca, estratégicamente publicó las peticiones de los pilotos que, frente a una población con bastantes necesidades, parecieron, varias de ellas, superfluas, incluso “ridículas” para un ciudadano promedio, ya que incluyen tiquetes ilimitados, equipaje ilimitado, iPads etc. Por ello la huelga no gozó de simpatía y, al parecer, el sindicato pierde el pulso con el fallo del Tribunal declarándola ilegal y la autorización de Aerocivil para contratar pilotos.

Otro ejemplo fue el paro de taxistas repudiando el ingreso de Uber y la nueva plataforma tecnológica que los obliga a usar, para hacer más eficiente y honesto el servicio. Hace años la ciudad y la población se paralizaban ante un paro de esta magnitud. Sin embargo, la Alcaldía ha aprendido a manejar dicha situación y la ciudadanía le ha perdido el miedo a este tipo de actuar; el apoyo a sus reclamos es casi inexistente y, sin ningún problema, utilizaron otras plataformas tecnológicas como por las que protestaban, dejando como resultado pérdidas económicas para los propios taxistas. Un paro que en principio era indefinido terminó siendo de un día.

Lo cierto es que justos o no los paros y las huelgas no suelen tener ganadores claros; en materia económica termina pagando el ciudadano, puesto que mejores condiciones salariales, reclamo generalizado, repercute en el bolsillo de los compradores o contribuyentes. Las pérdidas ocasionadas, además, trascienden a los sectores más diversos; aún hoy después de un año del paro camionero, muchos empresarios dicen no haberse recuperado. Y es que para este escenario tenemos el peor posible: un gobierno que ante los paros se compromete a todo y después incumple, aumentando la ira y la desazón entre los gremios.