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Analistas 23/11/2021

¿Miedo a la normalidad?

Juan Isaza
Estratega de comunicación

En una encuesta reciente de Ipsos con una muestra de 11 mil personas en todo el mundo, se reveló que el 52% de los ciudadanos se siente muy ansioso ante la idea de volver a la normalidad. En países como Brasil o México ocurre con dos de cada tres ciudadanos. Quizás es lo que menos esperábamos: después de las dificultades que vivimos para adaptarnos a trabajar desde casa o para reorganizar la vida en el hogar con los colegios y espacios públicos cerrados, resulta que volver a la normalidad, a la ‘zona de confort’ de toda la vida, ahora nos pone más ansiosos.

¿Será que somos animales de costumbres como siempre se ha dicho? Si así es, diríamos que aunque nos costó el cambio, ya hemos asumido que nuestra vida es tal como la hemos configurado en estos últimos veinte meses. Aunque nos hemos quejado por las restricciones y nuevas limitaciones, ahora nos sentimos más cómodos. Pero también cabe otra hipótesis, ¿será que la pandemia nos transformó profundamente? En este caso, ¿podríamos afirmar que hemos cambiado nuestras prioridades y la visión que tenemos de la vida?

Puede haber un poco de todo, pero parece que la segunda de las hipótesis se demuestra por la amplia conversación que se está generando en la famosa red social Reddit y a la que se le ha dado la etiqueta de “antiwork”. Más de un millón de personas están alimentando esta conversación que denuncia condiciones de trabajo inapropiadas, se queja de las remuneraciones, e incluso, habla de las ventajas de una vida sin trabajar.

No es la primera vez que hablamos de la influencia que ha tenido la pandemia en hacernos conscientes sobre la necesidad de revisar nuestra vida personal, pero sobre todo, laboral. Tampoco podemos negar que las implicaciones económicas (desde la inflación hasta el aumento de las brechas de inequidad) nos han puesto a reconsiderar la forma como vivimos.

En China, por ejemplo, crece un movimiento que se llama ‘Lying flat’ y que se define como hacer lo mínimo y no luchar por nada más allá que aquello que es esencial para sobrevivir. Es lo opuesto a productividad, a trabajar duro o a tener ambición para salir adelante. Para algunos, este movimiento podría ser la más grande amenaza para el crecimiento económico y el progreso de China, al punto que ha motivado el pronunciamiento del propio presidente Xi Jinping.

Pero el fenómeno podría ser global. En agosto pasado, la oficina de Estadística de Empleo de Estados Unidos registró 4.3 millones de renuncias a una tasa del 2.9%, la más alta registrada hasta el momento. Algunos hablan de ‘The Great Resignation’ como un movimiento en el que la gente deja sus empleos tradicionales y se dedica a ser empleado independiente o ‘freelance’. El trabajo se convierte en algo que se activa o se desactiva como un interruptor según las necesidades o intereses del momento.

Quizás es todo este cambio el que nos genera ansiedad. Las compañías sufrirán para poder llenar puestos de trabajo calificados, pero sobre todo, para lograr la mística y el compromiso. Tendrán que llegar nuevos modelos de empleo. Las empresas tendrán que estar abiertas a explorar formas flexibles de vinculación. Lo más importante será ponerse en los zapatos de ese ciudadano que está revisando las prioridades de su vida, pero, sobre todo, que se encuentra sumido en la ansiedad al tener que volver a aceptar esa vida a la que alguna vez le llamamos ‘normalidad’.

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