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Tribuna Empresarial 06/11/2026

El crecimiento también merece un rescate

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Por fin se presentó el tan esperado proyecto de ley de rescate fiscal. Seguramente el debate se centrará en los recortes del gasto público y en el aumento de impuestos. Aunque es claro que el recorte del gasto es necesario, el aumento de impuestos merece reparos. Resulta indiscutible que el margen de maniobra es estrecho y que el ajuste es inaplazable. O lo hacemos por las buenas o el mercado lo impondrá por las malas.

Reconociendo la importancia del recorte y de la propuesta tributaria, quiero revisar otro tema: ¿qué propone el proyecto para estimular la economía? Recordemos que en el ámbito empresarial se mejoran las finanzas vendiendo más volumen, subiendo precios o reduciendo gastos. En el caso del Estado esas palancas son el crecimiento económico, mayores impuestos y austeridad. Las dos últimas tienen límites porque una carga excesiva desalienta la inversión y el consumo y los recortes de gasto tienen un límite operativo. Debemos pensar que además de repartir la torta, necesitamos crecerla.

El crecimiento reciente se ha apoyado en el consumo, impulsado por un elevado gasto público. A ese entorno se suma la expansión del narcotráfico, cuyas rentas también alimentan el gasto privado. Entretanto, según datos del Dane, la inversión cayó al 15,7% del PIB en el primer semestre de 2026, su menor nivel en dos décadas. Una economía no puede gastar más indefinidamente sin ampliar su capacidad de producir porque eventualmente se le agotan las fuentes de financiación. El ajuste fiscal obliga a cambiar esa ecuación. La inversión debe ganar protagonismo como fuente de demanda.

El proyecto reconoce esa necesidad. Reduce gradualmente el impuesto de renta empresarial y crea el programa Ruge, con beneficios tributarios y estabilidad jurídica para grandes inversiones. Son avances valiosos pero el umbral para acceder al beneficio es demasiado alto al rondar los $290 mil millones. Pregunto: ¿Por qué se excluyen empresas medianas? ¿Acaso inversiones de $10 mil a $30 mil millones para modernizarse, ampliar capacidad o abrir mercados son despreciables?

Entre el pequeño negocio y la gran corporación existe un tejido empresarial que merece atención. Las empresas medianas, cuyas posibilidades financieras distan de las de un conglomerado, también tienen trabajadores, proveedores y clientes sobre los cuales construir una expansión. No conozco el caso colombiano, pero sé que en EE.UU. el segmento de empresas intermedias representa alrededor de un tercio del PIB y un tanto más del empleo privado.

Ya que el Congreso va a discutir el proyecto de reforma, debería extender los incentivos del Ruge a proyectos de menor escala. Como el Ruge también exige desarrollar proveedores nacionales, convendría complementar esa obligación con apoyo técnico y cofinanciación para que empresas medianas mejoren sus procesos y obtengan las certificaciones necesarias para abastecer a grandes compradores. Los beneficios podrían ser temporales, tener un costo fiscal explícito y evaluarse por la inversión adicional que generen.

No se trata de sustituir ingresos tributarios inmediatos por promesas de ingresos futuros derivados del crecimiento. Se trata de acompañar el ajuste con una estrategia de expansión productiva. La solvencia del Estado dependerá de la prosperidad de quienes lo sostienen y no solo de gravar y recortar.

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