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Tribuna Universitaria 12/10/2018

¿Un mundo sin drogas?

No estamos avanzando en el camino para solucionar el problema de las drogas, más bien creo que el mundo va por el camino equivocado. El reto mundial contra las drogas fue construido con el objetivo de prevenir daños sociales derivados del consumo de sustancias.

Después de varios consensos - principalmente a partir de 1971 (Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas de la UN) - los países del mundo, basados en el criterio de la peligrosidad, determinaron cuáles sustancias debían ser prohibidas y plantearon la posibilidad de un mundo sin drogas.

El balance, después de más de 40 años: un mercado creciente de 250 millones de consumidores de sustancias prohibidas (5% de la población mundial adulta) según informe de la Unodc de 2017 (Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito).

No juzgo el rigor de la decisión que se tomó en el pasado, busco con este ejercicio poner sobre la mesa errores en la formulación del problema, incoherencias y retos de cara al futuro.

¿Cómo entender que el alcohol - sustancia con efectos psicoactivos más peligrosa que el cannabis, el LSD y el éxtasis según varios estudios (Babor o Nutt, King, Saulsbury y Blakemore) sea una droga legal en prácticamente todos los países del mundo.

¿Cómo evitar la oferta de sustancias si hay un mercado de millones de personas demandándolo? ¿Cómo avanzar hacia un mundo sin drogas si los esfuerzos se centran en los países productores (oferta), mientras los países consumidores dan pasos hacia la legalización del consumo (demanda)?

La discusión sobre las drogas requiere de un alto en el camino, del reconocimiento del fracaso de la estrategia y de la necesidad de un nuevo enfoque mundial que elimine algunas de las consecuencias de la prohibición: incentivo a la participación por los altos márgenes de rentabilidad del tráfico de sustancias, que derivan en combustible para la violencia y la corrupción.

El enfoque mundial juega el papel principal. Actualmente, los Estados se ven forzados a tomar medidas aisladas que no implican avances en materia de drogas.

En nuestro país hay un debate, seguramente bien intencionado, sobre la persecución a la portabilidad de sustancias ilícitas. En el corto plazo podrá tener algún resultado positivo pero, en últimas, no impactará en el largo plazo ni el consumo, ni los daños sociales.

La solución del problema no pasa por Colombia, ni EE.UU, sino por un nuevo pacto mundial. Por otro lado, a pesar de los recursos del Plan Colombia, actualmente el país produce 64% de la cocaína en el mundo. La fumigación de cultivos por sí misma tampoco es la solución definitiva.

El panorama pareciera llevarnos a la legalización sin más. Sin embargo, el reto hacia el futuro es: ¿Cómo evitar que ésta derive en un crecimiento exponencial del consumo como sucedió con la legalización del alcohol (2.000 millones de personas)? Se debe encontrar una balanza que regule el mercado orientado a controlar los niveles de consumo.