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ANALISTAS 28/01/2026

Diseñar instituciones a prueba de corrupción

Juan Cruz
Candidato a MPA/ID en Harvard Kennedy School y creador de “Propuestas 2026”
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Sí, hay bandidos. Pero también hay un sistema que convierte a personas normales en cómplices.

En 1961, el psicólogo Stanley Milgram demostró algo perturbador: bajo las condiciones adecuadas, cualquier persona es capaz de causar daño cuando una autoridad se lo ordena y el sistema lo facilita. Colombia sigue sin aprender esa lección.

Cada escándalo de corrupción produce la misma respuesta: indignación, cacería del corrupto, condena moral. “Era un bandido”, decimos, y seguimos adelante.

No nos engañemos: sí hay bandidos. Funcionarios que llegan a saquear, políticos cuyo negocio es el erario, contratistas de la coima. A esos hay que encarcelarlos. Pero la corrupción colombiana no se explica solo con villanos. Muchos funcionarios no llegan corruptos: el sistema los corrompe.

Pensemos en quien ingresa al sector público con vocación de servicio y se encuentra con un ecosistema donde los contratos se adjudican políticamente, cuestionar significa perder el puesto, y “así se han hecho siempre las cosas”. Milgram demostró que el 6 de cada 10 personas obedecen órdenes contra su conciencia cuando las consecuencias de desobedecer son claras. En el Estado colombiano, denunciar trae consecuencias inmediatas. “Jugar el juego” trae tranquilidad.

El bandido llegó bandido. El funcionario atrapado es distinto: alguien que cedió ante un sistema donde corromperse es la opción racional. Combatir la corrupción exige perseguir a los primeros y proteger a los segundos. Hoy no hacemos bien ninguna.

Propuestas concretas

Como estudiante de maestría en Harvard decid í lanzar “Propuestas 2026”: cada semana, una solución basada en evidencia. 20 semanas, 20 propuestas. Porque estoy cansado de un debate donde criticar es deporte nacional.

Para este problema, tres medidas:

Primero, formación continua en ética pública -no el cursito anual que nadie toma en serio-. Entrenamiento práctico para identificar cuándo el sistema empuja hacia zonas grises. Dinamarca y Canadá lo hacen: casos reales, patrones de corrupción, herramientas para decir que no.

Segundo, rotación obligatoria en cargos de alto riesgo. Singapur rota sistemáticamente a funcionarios que manejan contratos. Las redes de corrupción necesitan tiempo para consolidarse. No les demos tiempo.

Tercero, servicio civil blindado de la politiquería. Mientras los cargos técnicos sean botín electoral, no habrá institucionalidad. Chile, Costa Rica y Uruguay lo entendieron hace décadas.

A los candidatos 2026

¿Cómo van a reformar estructuralmente el Estado? No hablo de “luchar contra la corrupción” -eso lo prometen todos-. Hablo de cambios concretos: ¿qué protecciones darán a quien denuncie? ¿Qué cargos blindarán? ¿Cómo romperán las redes clientelares?

A ellos me dirijo cada semana. Con datos y propuestas que funcionan en otras partes. Porque criticar es fácil. Proponer es lo necesario.

Milgram terminó su experimento cuando los participantes entendieron las reglas del juego. Colombia puede hacer lo mismo. Pero primero hay que aceptar que necesitamos cárceles para los bandidos y mejores instituciones para los demás.

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