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Analistas 24/08/2021

Optimismo: luz en la oscuridad

José Leonardo Valencia
Rector de la Fundación Universitaria del Área Andina

El optimismo es una actitud poderosa que nos puede llevar a experimentar mayores niveles de felicidad y bienestar en nuestra vida, pero debemos recordar que el optimismo no es llevar puestas unas gafas que ven la vida color de rosa, ignorando o maquillando la realidad con un positivismo irreal. Es todo lo contrario, el optimismo enraizado contempla la verdad tal y como es, afrontando las dificultades de una manera más consciente y saludable, mientras nos paramos ante el futuro esperando lo mejor de él.

Ser optimista es contar con una mentalidad que permita ver y vivir los acontecimientos de modo distinto, positivo y favorable en la medida de lo posible y aunque en el mundo existan personas que son optimistas por naturaleza, todos podemos aprender de ellas si aceptamos cambiar nuestras maneras de pensar y actuar, realizando pequeñas acciones diarias que marcarán la diferencia.

Martin Seligman, uno de los padres de la psicología positiva, introdujo el concepto de optimismo aprendido, que hace referencia a la manera como nos relacionamos ante los eventos positivos y negativos de la vida desde una mentalidad optimista versus una mentalidad pesimista. Seligman afirma que podemos aprender del optimismo como la indefensión del optimismo: permanencia, permeabilidad y personalización, es decir, que los seres humanos podemos aprender a sentirnos indefensos o incapaces a la hora de afrontar ciertas situaciones y esto se da cuando afrontamos una gran cantidad de situaciones adversas externas a nosotros que nos llevan a sentir que no podemos hacer nada ante las dificultades de la vida, lo que nos lleva a asumir una situación pasiva ante ellas

El optimismo no va a cambiar la situación a nivel externo ni resolverá todos nuestros problemas, pero puede ayudarnos a afrontarlos de una manera más proactiva y asumiendo diferentes perspectivas. Estudios han demostrado múltiples beneficios con respecto al optimismo, entre ellos: fortalece el sistema inmune, reduce las emociones negativas, mejora las interpersonales, reduce el estrés y promueve la resiliencia.

Desde el punto de vista de la inteligencia emocional, el optimismo es una actitud que impide caer en la apatía, la desesperación o la depresión ante las adversidades. Si bien el optimismo es una actitud que asumimos con respecto al futuro, se puede ver reflejada en el presente impactando de una manera positiva en nuestra vida en tiempo real, permitiéndonos vivir mejor en el aquí y el ahora.

Aunque no exista una fórmula para cultivar el optimismo, existen diferentes maneras de serlo, solo basta con ejecutar pequeñas acciones diarias que con el tiempo, se convierten en hábitos que nos ayudan a alcanzar la felicidad.

Agradecer por los sucesos positivos del día puede ser tal vez un recurso sencillo para algunos, sin embargo, practicarlo cada día nos ayuda a reflexionar sobre nuestros actos. Visualizar el futuro positivo nos ayuda a entender un poco más el propósito de nuestras vidas; escribir las metas y sueños es un ejercicio de recordación visual que nos encamina a diseñar la vida que queremos. Practicar el presente y centrar la atención en lo que hacemos nos ayuda a mantener el enfoque y prestarles atención a los verdaderos detalles de la vida. Cultivar las relaciones y cuidar nuestras conversaciones con los demás nos ayudará a identificar sobre las emociones positivas y negativas que nos afectan o nos ayudan a crecer.

El éxito de lo que hacemos en nuestras vidas depende de muchos factores, somos nosotros los únicos responsables de mantener viva la esperanza de que las cosas siempre tendrán un lado positivo que nos hará la vida más fácil, sencilla y feliz.

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