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Reforma de la salud: único consenso no puede ser el NO

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El trámite de la Reforma a la Salud presentada por el Ministerio de Salud en el Congreso está entrando en su recta final. Mucho se ha dicho y analizado en relación con esta propuesta y la amplia diversidad de temas, protestas y puntos de vista son más que nada una demostración de la complejidad del problema.

No es fácil presentar, explicar y tramitar una reforma que busca, en un solo esfuerzo, reestructurar de manera importante el esquema financiero y gerencial del sector, modificar las características de los planes de beneficios y diseñar un nuevo esquema de gestión del talento humano del sector en el país. 

Con una propuesta tan ambiciosa como necesaria se torna indispensable apelar a la objetividad y sensatez de todos los actores del sistema. Si bien los intereses lógicos y la viabilidad particular de cada sector son importantes, la situación actual de la Salud en el país hace que, sin duda, el principal interés de todos sea que la mejor reforma posible en favor de los usuarios sea aprobada en el Congreso. En lo que va del debate parece que todavía eso no es claro para todos. 

Lo que se evidencia es que el único consenso aparente es el de hundirlo. Al final de cuentas, ese es el consenso más fácil y a la vez el más peligroso. Ese es el peor de los mundos, pues todos sabemos que hay que cambiarla, pero no aceptamos propuestas sin estar dispuestos a ceder en intereses particulares en favor del bienestar común.

El ministerio ha demostrado su interés de buscar un diálogo y un consenso que permita que se presente a los últimos debates en la Cámara el proyecto de reforma que mejor represente los intereses de todos, y que mejore la salud de todos los colombianos.

Esa ventana de oportunidad que se ha abierto para el sector, de generar el espacio político y avanzar en el trámite de una reforma, es una situación que los actores del sector de la salud no debemos desaprovechar.  El sector necesita reformarse porque el modelo actual ya ha demostrado su inviabilidad y conservar esta situación solamente garantiza la profundización de la crisis. 

Los temores e inquietudes que muchos de los actores tienen sobre la reforma actual, se basan en una desconfianza tanto de la intención del gobierno como de las instituciones actuales y propuestas para gestionar los cambios necesarios en el sector.  Abordar el debate con base en esa desconfianza es un error y vuelve inviable toda discusión.  

El antídoto contra esa desconfianza es comprometernos todos los actores del sistema a ser proactivos en el uso de nuestros derechos y ejercer el control público y político necesario para lograr que el nuevo modelo que sea aprobado sea justo, funcional y útil para el mejoramiento de la prestación de servicios de salud. 

Una realidad incontestable es que no todos van a quedar contentos, y en algunos casos los miembros del sector tendrán que ceder. El debate continuará más allá de la actual legislatura para continuar buscando cómo mejorar el sistema, y si vamos a avanzar, no podemos quedarnos en la posición egoísta de que, si la reforma no le sirve a los intereses de algunos, la única respuesta sea no llevarla a cabo.

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