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Analistas 20/03/2021

El falso ricardianismo de G. Petro

José Félix Cataño
Profesor de la Universidad Nacional de Colombia

G. Petro es un político que pretende saber de teoría económica. En la entrevista a la República 19/03/21 ha dicho que su escuela de pensamiento no es la neoclásica (porque – dice él mismo- esta escuela dedicó sólo a tratar los mercados), tampoco es la keynesiana (porque sólo permite entender la crisis del 29 y “la edad de oro del capitalismo”) y, sin embargo, se presenta como seguidor de una escuela aún más antigua, la “escuela clásica” (Smith y Ricardo) y de la CEPAL. En la entrevista citada propone aumentar los impuestos a los latifundios fértiles, pero “improductivos” (en verdad los “pastizales ganaderos”) para que los terratenientes ya nos los traten como caja de ahorros (es decir, mecanismo de especulación o de atesoramiento, para obtener ganancias futuras) y por el contrario se vean ante la alternativa de aumentar la productividad o vender al Estado o a otros particulares, reduciendo el precio de la tierra, para que otros los hagan realmente productivos. ¿Dónde estaría la inspiración de esta política? Petro lo dice: Si usted estudia a Ricardo, …, mi escuela, … allí la renta de la tierra disminuye por el impuesto a la tierra.

Ricardo trata en Principios de 1817 dos aspectos de la renta: su existencia (capítulo II) y en relación a los impuestos prediales (capítulo XII). Como veremos, en ninguno de ellos encontramos las bases para las tesis de G. Petro.

Primer aspecto. La renta de la tierra en Ricardo no es la plusvalía especulativa obtenida por la venta de ella, tras el acaparamiento temporal. Ella es el extra-beneficio que se asigna a algunos propietarios una vez se pagan los beneficios normales de los productores capitalistas. Los factores determinantes son los precios del producto influenciados por la calidad de la tierra o la distancia al lugar del consumo. Ricardo escribe: Únicamente porque la tierra no es ilimitada en cantidad ni uniforme en calidad y porque con el incremento de la población, la tierra de calidad inferior o menos ventajosamente situada tiene que ponerse en cultivo, se paga renta por su uso. (p.53).

La posición de Ricardo es clara: suponiendo una demanda social de productos agrícolas, el problema es determinar a qué precio normal es viable que la producción satisfaga esa demanda garantizando recuperar la inversión y los salarios y las utilidades del capital. Si las tierras vecinas al consumo o con la misma calidad lo proveen, no habrá renta de la tierra, como es el caso de las zonas de colonización, aunque si haya ganancia. Habrá renta en las tierras privilegiadas cuando la demanda de productos agrícolas aumenta y sea necesario poner a producir otras tierras más lejanas o con fertilidad menor, es decir, con precios superiores, aquellos que garantizan el pago de salarios y de las utilidades capitalistas. Los capitalistas de las tierras “últimas” obtienen ganancias normales, pero no pagan rentas.

Como la mayoría de los productos agrícolas constituyen el consumo obrero, a medida que aumente la población y por ende la demanda de productos agrícolas habrá que poner a producir tierras más lejanas o menos productivas, y en esa situación, crecerán las rentas en las tierras mejores. La conclusión típicamente ricardiana es que el capitalismo inglés se verá enfrentado a unos precios agrícolas crecientes y, por ende, salarios más elevados, comprimiendo la tasa de ganancia, y creando tanto un descenso del crecimiento capitalista como el aumento de las rentas de los propietarios no capitalistas. El aumento de la renta es siempre el efecto de la riqueza creciente del país y de la dificultad de procurar alimentos para su creciente población (p, 58) La solución es entonces en dos frentes: apertura económica o reforma tecnológica en la agricultura. Las utilidades dependen de la cantidad de mano de obra necesaria para proveer a los obreros de los artículos necesarios en aquella tierra o con el capital que no produce renta. En consecuencia, los efectos de la acumulación serán distintos en los diferentes países, y dependerán principalmente de la fertilidad de la tierra. Por extenso que un país sea, si sus tierras son de inferior calidad, y si se prohíbe la importación de productos alimenticios, se logrará la más moderada acumulación de capital con una gran reducción en la tasa de ganancia (p.96).

Vemos que la merma de las rentas de Ricardo es un efecto del menor valor de las subsistencias y no de lo que suceda en el mercado de tierras.

Segundo aspecto. Si se decretan impuestos prediales a las tierras Ricardo (capítulo XII) ve dos posibilidades. 1). No podrá aplicarse a las “últimas tierras” dado que no producen rentas (p, 137); 2). Si el predial se aplican a todas las tierras, son directamente los terratenientes lo que se perjudican en primera instancia, pero ellos serán compensados por el aumento del precio del producto. [En las tierras que no pagan rentas] si no aumenta el precio del producto, se retirará el capital de ese empleo y se invertirá en otros usos hasta que suba el precio de los cereales a consecuencia de la demanda, es decir, hasta conseguir la rentabilidad habitual, o bien, si ya está invertido en esa clase de tierras, las abandonará, en busca de una actividad más ventajosa. (p, 137).
Respecto a la posición de Petro, vemos:

1. El concepto de renta es diferente. En Ricardo se trata de una extra-beneficio en la producción agrícola y el precio de la tierra no está presente en la argumentación. Por el contario, Petro evoca una renta especulativa que depende del precio futuro de la tierra y no de la producción de productos agrícolas. Es evidente, que esta no es la idea del gran economista inglés. Si fuese realmente ricardiano Petro averiguaría si la ganadería extensiva colombiana produce renta o si solo produce una ganancia capitalista.

2. La renta de Ricardo invita a ver que el desarrollo capitalista está obstaculizado por el atraso tecnológico de la agricultura o por el proteccionismo que no deja traer subsistencias baratas. Si Petro fuese un verdadero partidario de Ricardo (algo que es coherente con su nueva pose de presunto defensor del buen desarrollo capitalista) le conduciría a estar a favor de la libertad internacional de comercio y un impulso a las tecnologías en el campo. Para la ganadería extensiva sería, por ejemplo, aumentar los incentivos para que se convierta en ganadería intensiva con capacidad de exportar al exterior y abaratar el precio de la carne para el pueblo colombiano. Para Ricardo, eliminar los rentistas no depende del cambio de la estructura de propiedad de la tierra.

3. Ricardo no sostuvo la idea que los prediales bajaban las rentas sino en casos especiales, pero como ellos dependen de la afectación de los precios de los productos agrícolas y no los de la tierra, estas consideraciones no son los mismos aludidos por G. Petro.

Conclusión: Las consideraciones de G. Petro sobre la renta especulativa de los terratenientes colombianos no tienen que ver con la teoría ricardiana de la renta y no entendemos su proclamada adhesión a la escuela del gran economista burgués. La pregunta que sigue es. ¿Por qué el economista G. Petro intenta presentarse como seguidor de Ricardo si en realidad ni lo utiliza ni comparte sus conclusiones? ¿Cuál es su verdadera “escuela”?