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Analistas 09/05/2026

El fracaso del Fenoge

José David Name Cardozo
Exsenador de la República
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Los resultados de programas creados para avanzar en la democratización de la transición energética hoy dejan un balance deficiente, marcado por cuestionamientos y negligencia. Existe una brecha evidente entre el ambicioso relato de las entidades oficiales y la materialización de los proyectos. La prioridad se ha centrado en el impacto mediático de los anuncios, dejando en segundo plano las soluciones energéticas concretas, oportunas y efectivas prometidas a comunidades vulnerables.

Tal es el caso del proyecto de territorios energéticos “Energía Solar para Población Vulnerable”, liderado por el Fondo de Energías No Convencionales y Gestión Eficiente de la Energía (Fenoge), que se ha convertido en otra promesa a medio camino. Aunque se diseñó para llevar soluciones energéticas reales a siete departamentos de la Región Caribe, el impacto en los 12.600 beneficiarios proyectados es nulo.

El Fenoge se ha especializado en el arte de magnificar lo minúsculo. Con una narrativa de "bombos y platillos", ha vendido hitos intermedios como si fueran victorias finales. Desde 2025 se vienen impulsando siete granjas, pero el balance es precario: solo cuatro están conectadas a la red, pero ninguna en operación comercial plena, mientras las tres restantes siguen en instalación o preconexión.

El hecho de que solo un proyecto esté produciendo energía, sin que esto se traduzca aún en un alivio real para los usuarios, pone en entredicho la seriedad de la planeación. Falta gerencia, falta coordinación y, sobre todo, falta la capacidad técnica para anticipar los riesgos. Las excusas del Fenoge —clima, operadores o vacíos de información— no son más que la confirmación de una planificación deficiente. En el sector energético colombiano, esos factores no son "sorpresas", son realidades que se deben gestionar desde el primer borrador.

Resulta imposible ignorar la responsabilidad directa de Ángela Álvarez, exdirectora del Fenoge, en este fracaso monumental. Bajo su liderazgo, los proyectos avanzaron más al ritmo de la propaganda institucional que de una planeación técnica seria y responsable. Hoy queda en evidencia que se impulsaron iniciativas multimillonarias sin resolver aspectos esenciales para su viabilidad, desde estudios técnicos incompletos hasta problemas críticos de conexión a la red.

Más grave aún es que, pese al evidente fracaso de gestión, las consecuencias políticas hayan sido inexistentes. En cualquier democracia, ese rastro de improvisación y recursos embolatados sería el fin de una carrera pública —e incluso el inicio de un expediente penal por el manejo de los recursos— aquí se convirtió en el trampolín perfecto para ser nombrada como experta comisionada de la CREG. Una bofetada a la ética pública.

La buena voluntad del nuevo director y del ministro no bastan para reparar el daño institucional de los últimos dos años. Lo que pudo ser el motor del cambio terminó enredado en la improvisación y negligencia de una exdirectora.

La democratización de la energía no puede seguir siendo el premio de consolación de una gestión fallida. Si el Gobierno quiere salvar su política bandera, debe dejar de hacer anuncios a medias y empezar a explicar por qué el Fenoge se convirtió en un cementerio de proyectos estratégicos.

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