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Paraísos fiscales

Los llamados “Papeles de Panamá” han abierto, una vez más, la discusión sobre la inconveniencia de los paraísos fiscales. En su informe de 2014, Gobernar para las Élites. Secuestro Democrático y Desigualdad Económica, Oxfam estima que en estos lugares de baja tributación habría US$18,5 billones. Esta cifra es superior al PIB de los Estados Unidos que es US$15,8 billones. 

Los paraísos fiscales tienen, por lo menos, tres consecuencias negativas. Primero, crean incentivos para evadir la tributación en los países de origen.  Segundo, aumentan la desigualdad. Y, tercero, estimulan la “carrera de mínimos”.

Los paraísos fiscales facilitan la evasión de la tributación en los países de origen. Los paraísos son atractivos porque preguntan muy poco y son reacios a entregar información. Esta falta de transparencia crea incentivos para sacar el dinero.

Los paraísos fiscales contribuyen a aumentar la concentración del ingreso y de la riqueza, ya que reducen la eficacia de los impuestos, que son el instrumento privilegiado para reducir la desigualdad.

Para Oxfam los paraísos fiscales son los determinantes últimos de la “carrera de mínimos”. Recientemente se ha agudizado la tendencia descendente de las tarifas de los impuestos a la renta. La carrera de mínimos es propiciada por los ricos que siempre están amenazando a los gobiernos con irse para otro lado si la tributación aumenta. Este chantaje permanente han logrado sus propósitos y por ello se han reducido las tarifas de los impuestos.

El informe de la Comisión de Expertos para la Equidad y la Competitividad Tributaria incluye un cuadro que ilustra bien esta carrera de mínimos. A comienzos de los años ochenta, el 25% de los países tenían tarifas máximas de impuesto a la renta que oscilaban entre 61% y 95%. En el primer lustro del siglo XXI, el panorama cambió de manera sustantiva, y únicamente el 0,92% de los países mantenían este nivel de tarifa. El número de países que abandonan el rango superior de la tarifa va en aumento, y ello se refleja en una pérdida de dinamismo del impuesto a la renta. 

Para evitar la carrera de mínimos, Piketty y otros proponen que los países igualen las tarifas del impuesto a la renta. En 2014, publicaron Nuestro Manifiesto para Europa, y allí proponen unificar las tarifas del impuesto, de tal forma que desaparezcan los incentivos para que los ricos coloquen su dinero por fuera del país de origen. En el Manifiesto afirman de manera contundente: “… las instituciones de la Unión Europea ya no funcionan. Se necesita un acuerdo económico y democrático radical”. Y agregan: “… las instituciones existentes en Europa son disfuncionales y necesitan ser reconstruidas”. En su opinión, los gobiernos han sido incapaces de “regular el capitalismo financiero globalizado del siglo XXI”. Y concluyen que “… esta tierra de nadie, es el peor de todos los mundos”. En el Manifiesto se insiste en que las discusiones menores como el IVA de las peluquerías y de los centros ecuestres, hace perder tiempo valioso que se podría dedicar a examinar asuntos relevantes, como los que se desprenden de la existencia de los paraísos fiscales.

Si no se alcanzan acuerdos sobre los aspectos básicos, los gobiernos continuarán siendo “engañados” por los ricos y las empresas multinacionales. La solución definitiva estaría en la fijación de “una base imponible común que sea lo más amplia posible y [que] esté estrictamente regulada”.