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La regla fiscal no es conveniente

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En las condiciones actuales de la economía colombiana, y como la concibe el Ministerio de Hacienda, la aplicación de la regla fiscal no es conveniente. Los países de la Ocde han dejado atrás los postulados restrictivos de la regla fiscal. Cuando los gobiernos deciden lanzar bombas en Siria, no respetan ninguna regla fiscal. En Francia, hace un año, la relación entre el saldo de la deuda pública y el PIB era de 101,1%. Este porcentaje, que es escandaloso, supera cualquier regla fiscal. Y, peor aún, la relación continuará creciendo. Los países de la Ocde están mostrando que la política monetaria y fiscal están al servicio de los intereses del gobierno. La independencia de los bancos centrales es un discurso que en la práctica no se cumple. Para responder a los ataques terroristas en París, el gobierno francés está definiendo una estrategia militar ofensiva. Y estos gastos se van a financiar como sea, pasando por encima de las disposiciones normativas, y de los estándares fiscales definidos por la Unión Europea.

Es claro que las decisiones políticas ahogan la regla fiscal. No solo en Francia. También en China, Japón, Rusia, Estados Unidos, Inglaterra, Alemania. En estos países sigue aumentando la deuda pública como porcentaje del PIB, y esta dinámica ascendente parece irreversible.

Colombia insiste en respetar su regla fiscal. Esta decisión es un harakiri para la economía porque al disminuir la inversión pública para cumplir con los mandatos de la regla fiscal, se frena el crecimiento. El recorte a la inversión se realiza teniendo como parámetro de referencia un nivel de déficit primario, que resulta de las estimaciones intertemporales del comportamiento de variables tan impredecibles como el precio del petróleo, el valor del dólar, los cambios en el PIB potencial, la evolución de la tasa de interés, etc. Estos escenarios futuros, que son construcciones imaginarias, son demasiado frágiles y no soportan el peso que se les echa encima, como la reducción de $9 billones del presupuesto del 2016.

Sin dejarse ahogar por el positivismo de la regla fiscal, hay caminos alternativos responsables. El primer paso es volver la mirada hacia Keynes, y en lugar de la regla hacer uso de la discrecionalidad. Y el segundo paso es reducir el desequilibrio fiscal por la vía del aumento de los impuestos progresivos, más que por el lado de la disminución del gasto.

Tanto Keynes como Hayek están de acuerdo con la opción discrecional y no con la regla. Pero el significado de la discrecionalidad es diferente en Keynes y en Hayek. Para Keynes la discrecionalidad tiene que ver con la acción sobre las instituciones, que él llamaba las “convenciones”. En cambio, desde la perspectiva de Hayek la discrecionalidad únicamente tiene sentido para los individuos, y no aplica a las instituciones. Para Hayek la discrecionalidad es una característica de las personas y no de las instituciones colectivas. Hayek critica instrumentos como la regla fiscal porque nacen de la falsa pretensión de organizar la sociedad. Se nutren del espíritu positivista que guía L’Organisateur de Saint Simon. El Gobierno, el Ministerio de Hacienda y el Banco de la República han defendido la regla fiscal como la gran panacea, como si se tratara del Gran Organizador. Es la expresión más clara de la ingeniería social y de la pretensión ingenua de que la supermente que concibe la regla fiscal, puede ordenar al resto de la sociedad.
 

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