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La bonanza continúa

Gran parte de los recursos de la bonanza petrolera y minera están disponibles. En el Marco Fiscal de Mediano Plazo 2016 (Mfmp) el Ministerio de Hacienda muestra la evolución que han tenido los recursos del Fondo de Ahorro y Estabilización (FAE). Este fondo se creó para ahorrar durante el período de la bonanza y desahorrar con propósitos “contracíclicos” en las coyunturas recesivas. Ahora es el momento del desahorro. El saldo del Fondo es de US$3.090 millones. Es decir, cerca de $10 billones. Esta cifra es considerable, y equivale casi a dos veces el monto obtenido por la venta de Isagen. Estos recursos están disponibles y si se utilizan bien serían un instrumento muy poderoso para avanzar en la consolidación de la “nueva economía”, tal y como ha llamado el gobierno al estímulo de la industria, la agricultura y el turismo.

Frente a los recursos del FAE la política económica tiene dos retos. El primero es lograr que, efectivamente, cumplan una función anticíclica, y el segundo es llegar a un acuerdo con los departamentos y municipios para que el dinero no se disperse en un sinnúmero de pequeños proyecticos llenos de mermelada.

Para que el desahorro del FAE sea contracíclico es necesario que con estos dineros se apalanquen grandes proyectos de inversión, que estimulen el empleo y mejoren la productividad. Es el momento adecuado para realizar una política keynesiana de choque. Hasta ahora el gobierno no ha hecho ninguna propuesta que permita utilizar de manera adecuada los recursos del Fondo.

El segundo reto tiene que ver con la institucionalidad. Las normas que reformaron la distribución de las regalías crearon condiciones propicias para la dispersión. Por el afán que tenía el legislador de distribuir las regalías por todo el país, se terminaron aprobando a través de los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (Ocad), numerosos proyecticos que satisfacen los gustos de los gobernantes locales pero que no permiten realizar inversiones estratégicas. Hasta ahora se han financiado más de 10.000 proyectos. Preocupa que el Ministerio de Hacienda considere que esta piñata es conveniente porque, en sus palabras, ha contribuido a la “equidad social en la distribución de la riqueza extraída del suelo” (Mfmp, p. 119). 

Si Hacienda piensa que esta forma de repartir los recursos es buena, obviamente no va a proponer alternativas para que los $10 billones del FAE se gasten de otra manera. El peligro, entonces, es que con la venia del Ministerio de Hacienda la bonanza del FAE se dilapide en proyectos minúsculos sin ninguna visión estratégica. Preocupa la pasividad del Departamento Nacional de Planeación (DNP). Es inaceptable la complacencia de ambas instituciones con la situación actual. Para el DNP y Hacienda está bien que se malgaste la bonanza en pequeñas obras locales, en lugar de hacer grandes inversiones que finalmente van a redundar en beneficio de los municipios y los departamentos. Se equivoca el Ministerio de Hacienda cuando considera que la mermelada distribuida en toda la tostada es sinónimo de “equidad social”.

La única voz de alerta la ha dado el Contralor Maya. En el Balance del Sistema General de Regalías 2012-2014. Expectativas y Realidades (p. 60) muestra que el 90% de los proyectos que se han financiado con los dineros de las regalías “tienen un valor promedio inferior a los $850 millones”. Y para el Contralor este resultado no es una muestra de “equidad social” sino de ineficiencia.