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El despilfarro de las regalías

La Contraloría General de la República acaba de publicar el informe sobre la forma como se han administrado las regalías (Resultados del Sistema General de Regalías a Diciembre de 2015). El balance que hace el Contralor Maya es preocupante, y se podría sintetizar en: ineficiencia, dispersión y falta de pertinencia. En otras palabras, la bonanza se ha desperdiciado, y los recursos se han dilapidado.

El manejo ha sido ineficiente. Los trámites burocráticos de los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (Ocad) son obstáculos llenos de formalidades que no permiten discutir las inversiones con criterios de desarrollo de largo plazo. En palabras de la Contraloría “… el alto valor de los excedentes refleja los problemas de eficiencia en la ejecución de los recursos de regalías que han venido caracterizando el sistema”. Los niveles de ejecución están muy por debajo de lo esperado. En el 2015 se deberían haber terminado proyectos por valor de $17,3 billones, y los montos efectivamente gastados apenas llegaban a $4,9 billones. Ello significa que solamente se habría cumplido con el 28,4% de lo programado. La ineficiencia ha dejado abierta la puerta a la corrupción. Entre 2012 y 2015, el 72% de la contratación por concurso, licitación pública y concurso de méritos, se realizó con un único oferente.

Los recursos se han dispersado. En lugar de haber concentrado las regalías en unos pocos proyectos estratégicos, se optó por el camino fácil de repartir el dinero entre los entes territoriales. Los recursos se han desparramado en 10.000 proyectos, y la mayoría de ellos (6.600) son proyectos de menos de $1.000 millones. El Contralor resume así la situación: “las dos terceras partes de las regalías se están destinando a proyectos de bajo impacto”. Además de su reducido impacto, la administración de esta caudal de proyecto es costosa. Los proyectos que involucran a varios departamentos apenas corresponden al 4%-5% del total de recursos. Numerosos proyectos solamente cubren a un municipio.

El Contralor se pregunta, además, por la función anticíclica que deben cumplir las regalías. El Fondo de Ahorro y Estabilización (FAE) tiene disponibles $9,7 billones. El Sistema General de Regalías tuvo el acierto de “ahorrar en épocas de abundancia, para equilibrar los recursos en épocas de escasez”. Pero el FAE únicamente puede llevar a cabo la función contracíclica si, en palabras del Contralor, los “recursos financian proyectos estratégicos”. La dispersión de los excedentes del FAE en pequeños proyectos no permite que la inversión pública cumpla su función anticíclica.

Los proyectos no son pertinentes. Es muy débil el peso que tienen los proyectos relacionados con educación, agua potable, saneamiento básico, vivienda y salud. Es bueno recordar que la mitad de los municipios del país todavía no tienen agua potable. El Contralor muestra que la situación es dramática en las regiones del Caribe y el Pacífico. Si se toma como referente el índice de pobreza multidimensional, la incidencia de la pobreza es de 65% y 53%, respectivamente. Y el gasto destinado a atender las necesidades básicas de la población es de solamente el 34% y 27%.

En síntesis, las regalías no se han manejado bien. Hoy, los excedentes totales de regalías superan los $16,2 billones, que son equivalentes al 54,2% del déficit fiscal. Es el momento de tomar medidas que permitan que los dineros que todavía quedan de la bonanza no se dispersen en otros 10.000 proyecticos.