Analistas

El cruel dilema

A finales de los años sesenta, Tobin decía que los gobiernos se enfrentan a un cruel dilema: inflación o desempleo. Por aquellos días las discusiones entre los keynesianos y los friedmanianos eran muy álgidas. La relación negativa entre desempleo e inflación fue propuesta en 1958 por Phillips. Los keynesianos convirtieron la curva de Phillips en un instrumento fundamental de la política económica. Como buen keynesiano, Tobin describía así las alternativas del Gobierno: si quiere reducir el desempleo tiene que pagar el costo de una mayor inflación, y si busca disminuir la inflación tiene que aceptar un mayor desempleo. No es posible lograr reducciones significativas del desempleo con inflaciones bajas. De manera inevitable, el Gobierno tiene que elegir entre dos males, inflación o desempleo.

La existencia de la curva de Phillips suele ser un tema álgido de discusión. Cuando Friedman recibe el premio Nobel en 1976 critica la curva de Phillips, mostrando que la estanflación (inflación con desempleo) es la prueba reina en contra del keynesianismo. Si la curva de Phillips no se cumple en la realidad, concluye Friedman, no existe ningún dilema, y la inflación se puede controlar sin que ello tenga consecuencias negativas en el nivel de empleo.

Las decisiones que ha tomado el Banco de la Reserva Federal en los Estados Unidos se guían por el cruel dilema de la curva de Phillips. La tasa de interés se reduce aunque la inflación aumente, porque se le está dando prioridad a la reactivación de los negocios y a la reducción del desempleo. Janet Yellen ha dicho con claridad que la tasa de interés de los bonos del Tesoro únicamente subirá cuando la actividad económica se haya consolidado.

Siguiendo una lógica completamente distinta, en Colombia el Banco de la República ha decidido aumentar la tasa de interés con el fin de reducir las presiones inflacionarias. Este camino está equivocado por tres razones. Primero, porque la economía colombiana sigue pasando por una coyuntura recesiva, y el aumento de la tasa de interés tiene un impacto negativo en la producción y el empleo. La actividad industrial y agrícola está lejos de la recuperación. Segundo, porque la inflación no ha llegado a niveles que sean preocupantes. Janet Yellen advertía estos días que las inflaciones bajas pueden ser perjudiciales, y recomendaba políticas monetarias flexibles que permitan aumentar el nivel de precios. Esta era la opinión de Vickrey en 1996, cuando definió “quince falacias funestas del fundamentalismo financiero”. Una de ellas es pensar que la reducción de la inflación siempre tiene efectos positivos en la actividad económica. Y, tercero, porque el Banco de la República termina asociando la inflación únicamente a los factores monetarios, dejando de lado variables reales, como la baja productividad de la industria y la agricultura. 

Los precios de los alimentos no suben solamente porque hay devaluación sino porque el costo de producirlos en el país es relativamente alto. Las masivas importaciones de alimentos terminaron destruyendo el aparato productivo, y ahora se sienten las consecuencias. El Banco de la República debería llamar la atención sobre estos factores estructurales que inciden en los mayores precios. En el mediano plazo la lucha contra la inflación será más efectiva si se mejora la productividad. Sobre todo en el sector agropecuario, porque el alza de los alimentos termina impactando, por la vía del salario, los demás precios.