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Economía reprimarizada y frágil

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La economía colombiana se ha reprimarizado y es estructuralmente frágil. Entre 1990 y 2016 la composición de las exportaciones cambió de manera significativa. El peso de las manufacturas se redujo de 9,4% a 4,2%. Y en su lugar se observa un crecimiento del petróleo y los minerales, con un aumento de la participación de 38% a 62%. Estos cambios son la expresión de una economía frágil y sometida a los vaivenes de los precios internacionales. Y es especialmente grave que esta situación se haya agudizado durante los años de la bonanza. Entre 2010 y 2015 no solamente se redujo la participación de las exportaciones de bienes manufacturados sino que, además, se acentuó el déficit en el cuenta corriente de la balanza de pagos que pasó de -3,1% del PIB a -6,3%. A pesar del aumento del valor de las exportaciones, el desbalance externo se acentúo. Es claro que el país no supo aprovechar las bonanzas.

Quizás consuele un poco constatar que la mayoría de los países de América Latina se ha reprimarizado. En el período 1990-2016 la participación de las exportaciones de manufacturas en el total de las exportaciones se redujo en Argentina de 15,6% a 3,9%%, en Chile de 40,1% a 29,9%, en Brasil de 26,9% a 10,8%. Mientras que el peso de la manufactura cae, el porcentaje de petróleo, minerales y agricultura ha ido aumentando. México ha sido un caso excepcional. Su cercanía con los Estados Unidos y el desarrollo de diversas modalidades de maquila, le ha permitido aumentar la participación de las exportaciones de manufacturas de 24,39% a 55,6%.

La dependencia de bienes primarios ha llevado a un debilitamiento de la estructura económica, que se manifiesta en una creciente volatilidad y en una pérdida de dinamismo del mercado interno. Para contrarrestar esta situación la Cepal propone conjugar tres tipos de eficiencia. La primera la llama schumpeteriana, y está centrada en el aprendizaje y la innovación. La segunda es la keynesiana, que tiene como ejes la ampliación del mercado interno y, en general, de la demanda agregada. Y la tercera es la ambiental, que busca reducir las emisiones de carbono.

La Cepal tiene razón al proponer la integración de estas tres modalidades de la eficiencia. Es una tarea compleja porque se pretende articular nociones teóricas diferentes. Tanto los autores austriacos – entre ellos Schumpeter – como los keynesianos, reconocen la importancia de la incertidumbre. Pero la forma de contrarrestarla es muy distinta. Los austriacos recurren a la catalaxia y Keynes a las convenciones. La catalaxia está centrada en el orden espontáneo, en el que los procesos sociales no son predecibles. La convención keynesiana, en cambio, exige la intervención de un agente externo que puede ser el Estado.

En el caso colombiano el primer paso es reconocer que las bonanzas no han tenido efectos multiplicadores, y que las economías de enclave siguen predominando en las zonas productoras. Desde los años de Prebisch se consideraba que las exportaciones son fundamentales para consolidar el crecimiento. Pero para lograr este propósito la estructura productiva tiene que estar apoyada en la manufactura y en el mercado interno. Este debería ser un asunto prioritario del plan de desarrollo, sobre todo para lograr que la “inclusión social”, esté soportada en la “inclusión productiva”.

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