Analistas

Bogotá y Bucaramanga

En 2013, Bogotá y Bucaramanga fueron las ciudades del país con la menor incidencia de la pobreza. De acuerdo con los datos que publicó el Dane esta semana, en Bogotá 10,2% de la población es pobre y en Bucaramanga 10,3%.

Entre 2008 y 2012 el primer lugar lo había ocupado Bucaramanga. Como el ritmo de reducción de la pobreza en Bogotá ha sido mayor, en 2013 pasó a ser la ciudad con una menor incidencia de la pobreza.

El margen de acción que tienen los gobiernos locales es relativamente amplio. Las diferencias entre las ciudades se explican, en gran parte, por la forma como las políticas urbanas inciden en la dinámica de las aglomeraciones. Entre las 13 áreas metropolitanas la mayor pobreza se observa en Montería (34,8%), que tiene un porcentaje que supera en más de tres veces al de Bogotá. Cada vez se hace más evidente la importancia que tienen las decisiones de las administraciones locales en la calidad de vida de las personas. En el plan de desarrollo de la administración Petro, Bogotá Humana, se le dio especial énfasis a la lucha contra la pobreza, y el mejoramiento de la capacidad de pago de los hogares. Y las cifras indican que estos propósitos se están cumpliendo.

La evolución que han tenido los datos de pobreza muestra que, por ahora, vivir en las ciudades es mejor que vivir en el campo. En Colombia la brecha urbano/rural continúa siendo muy alta, y todavía no hay indicios claros de convergencia. En las 13 áreas metropolitanas la incidencia es de 17,5% y en el resto de 42,8%. En el total nacional el porcentaje de pobres es 30,6%. En los dos informes que entregó la Misión para el empalme de las series de empleo, pobreza y desigualdad (Mesep), se llama la atención sobre las consecuencias negativas que se derivan de la polarización campo/ciudad. La convergencia se puede ir consiguiendo si el país le da relevancia al desarrollo regional. 

Hasta ahora las políticas del Gobierno Nacional han puesto el énfasis en los aspectos sectoriales, descuidando la dimensión regional. La perspectiva tiene que cambiar, y el estímulo de las interacciones entre las ciudades y sus regiones debe ser una prioridad del próximo plan de desarrollo. Existen numerosas razones para enfatizar el desarrollo rural, comenzando porque la sostenibilidad de las ciudades depende de su relación armónica con el territorio.

El país ha llegado a un nivel de desarrollo en el que puede acabar con la pobreza extrema. La línea está determinada por el costo de la canasta nutricional. Es el límite del hambre. A nivel nacional la incidencia de la pobreza extrema es 9,1%, y en las 13 áreas metropolitanas es 3%. Con políticas bien orientadas, la pobreza extrema puede eliminarse.

En el combate a la desigualdad las ciudades tienen menos margen de maniobra que en la lucha contra la pobreza. Los resultados sobre desigualdad son decepcionantes, y contrastan con los logros que se han conseguido en la disminución de la pobreza. El año pasado, cuando se presentaron los datos de 2012, el Gobierno Nacional dijo que el país había comenzando el proceso de reducción de la desigualdad. 

Este optimismo excesivo no tenía ningún fundamento. Los resultados de 2013 muestran que no hay cambios significativos y que Colombia seguirá siendo unos de los países más desiguales del mundo. A nivel nacional el Gini se mantuvo en 0,539.  Este dato muestra que la reforma tributaria no fue tan progresiva como lo dijo el gobierno. Es evidente que los impuestos se han ido recargando sobre los grupos medios de la población, mientras que a los más ricos se les reducen las tasas. Con este tipo de decisiones es imposible construir una sociedad más equitativa.