Analistas

Bienaventuranza sin austeridad

En la última semana se publicaron los lineamientos del Marco Fiscal de Mediano Plazo 2016. En el documento se definen los requerimientos necesarios para consolidar la “nueva economía”, que está centrada en la industria, la agricultura y el turismo. El gobierno insiste en continuar con las políticas de austeridad que lleven a la reducción del gasto. Además, esta semana el Banco de la República subió la tasa de referencia a 7,5%.

La reducción del gasto y el aumento de la tasa de interés son la mejor expresión de las políticas de austeridad. En la lógica del gobierno, el sacrifico de hoy es la mejor garantía del bienestar futuro. Es la fórmula que proponía Ramsey en 1928. La bienaventuranza, decía, se alcanza más rápido a medida que el sacrificio presente se hace más intenso. Fiel a este principio, el gobierno recorta el gasto público argumentando que esta opción es inevitable si se quiere cumplir la regla fiscal. Y, por otro lado, ahoga el consumo de las familias y la inversión privada a través del aumento de la tasa de interés. Este mayor costo del crédito no permite que se consoliden la industria, la agricultura y el turismo. El gobierno desconoce estos hechos y argumenta que el aumento de la tasa de interés se debe reflejar en una disminución de la inflación, y en un fortalecimiento de la nueva economía.

Las medidas de austeridad, que se han ido acentuando, son equivocadas, y no favorecen los pilares de la nueva economía. El camino de la austeridad lleva a una agudización de los problemas. Grecia es un buen ejemplo. Desde que se comenzaron a aplicar las políticas de austeridad, la situación empeoró. Islandia tomó una posición radicalmente distinta. Rechazó las medidas de austeridad convencionales y salió adelante. Estados Unidos es el mejor ejemplo de políticas fiscales y monetarias laxas. Allí, el saldo de la deuda pública con respecto al PIB continúa subiendo, las tasas de interés se mantienen bajísimas y la Reserva Federal emitió (flexibilización monetaria, QE1, QE2, QE3) cuando lo consideró necesario.

Colombia insiste en que la solución es la austeridad, y la disminución del gasto parte de tres prejuicios. El primero es suponer que todo gasto es un derroche. El segundo es reducir el equilibrio fiscal a un solo lado de la balanza. El tercero es desconocer la relevancia del mercado interno.

Los gastos no son iguales. En la contabilidad macro, un peso que se dirige a la infraestructura es igual a un peso que se destina a una piscina de olas. En ambos casos el desbalance fiscal aumenta, pero los impactos económicos son completamente diferentes. El déficit fiscal que tiene su origen en la financiación de infraestructura productiva (como vías, reparación de escuelas, construcción de hospitales…) es contracíclico y favorece la actividad económica.

La reducción del déficit no se puede hacer solamente por el lado del gasto. Es necesario que aumenten los impuestos de manera progresiva. Es una lástima que en las discusiones sobre la reforma tributaria vaya adquiriendo fuerza la propuesta de aumentar el IVA, y se debiliten opciones como los impuestos a los dividendos, a la renta y a la riqueza.

La devaluación del peso es una excelente oportunidad para consolidar el mercado interno. Este ambiente favorable es contrarrestado por las medidas de austeridad. Mientras que un inversionista norteamericano se endeuda al 3% año, un industrial o un campesino colombiano lo hace al 12%. Este diferencial ahoga la competitividad.