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Advertencias cepalinas

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En el informe reciente de la Cepal, Panorama Social de América Latina 2014, se hacen tres advertencias que se deberían tener en cuenta en el diseño de la política pública.

La primera es el freno que se ha presentado en la disminución de la pobreza. En América Latina entre 1990 y 2014, el porcentaje de personas por debajo de la línea de pobreza se redujo de 48,4% a 28%. Este proceso descendente se detuvo en los últimos 3 años (2012, 2013 y 2014), así que el porcentaje de personas pobres se mantuvo relativamente constante (28,1%, 28,1% y 28%, respectivamente). En términos absolutos, el número de pobres pasó de 164 millones en el 2012 a 167 millones en el 2014. Es decir, ahora hay 3 millones más de personas pobres.

Entre el 2012 y el 2014 la pobreza extrema aumentó, tanto en porcentaje (de 11,3% a 12%), como en números absolutos (de 66 a 71 millones de personas). Preocupa que ahora haya 5 millones más de personas en una situación de pobreza extrema. Es importante recordar que la línea de pobreza extrema corresponde al valor de una canasta nutricional básica. Es el valor correspondiente al mínimo alimentario, así que estas personas viven en condiciones muy precarias.

El aumento del número de personas pobres es una señal de alarma que lleva a replantear las estrategias gubernamentales desde las perspectivas de la regulación de los mercados y de las políticas sociales. Cada vez es más evidente que las dinámicas del mercado no garantizan, por sí mismas, una disminución del número de pobres. Con toda razón, la Cepal insiste en la necesidad de recurrir a la intervención pública a través de subsidios y de impuestos que sean progresivos.

La segunda advertencia de la Cepal tiene que ver con la persistencia de la desigualdad. De manera reiterada, en varios informes, la Cepal se ha referido a la necesidad de luchar contra la concentración del ingreso y de la riqueza. En esta recomendación coinciden diversas entidades internacionales, como Oxfam, Naciones Unidas y el Banco Mundial. 

Hay una relación directa entre el estancamiento en la reducción de la pobreza, y la persistencia de la desigualdad. De acuerdo con los estudios de Kakwani, Khandker y Son, la trampa de la pobreza solamente se puede romper si el crecimiento es pro-pobre. Ello significa que el crecimiento contribuye a reducir las condiciones estructurales de la pobreza, únicamente si está acompañado de políticas que mejoren la distribución del ingreso y de la riqueza. En otras palabras, la lucha contra la pobreza debe ir a la par con la disminución de la concentración.

La tercera advertencia centra la atención en los procesos espaciales. La Cepal pone el énfasis en la manifestación espacial de la pobreza y la desigualdad. El informe propone metodologías para cuantificar la segregación, y muestra que en las ciudades latinoamericanas la segregación socioeconómica en el espacio es significativa. La segregación espacial empeora las condiciones de vida y, además, genera ineficiencias porque aumenta las costos de movilidad y reduce la productividad.

Existe una causalidad circular entre la desigualdad de ingresos y la segregación espacial. Ambas dimensiones se retroalimentan. Por un lado, los procesos espaciales en las ciudades son una consecuencia de la concentración del ingreso y de la riqueza. Pero, por otro lado, las políticas urbanas pueden contribuir a la disminución de la concentración. El margen de maniobra es significativo en las ciudades grandes.

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