viernes, 13 de marzo de 2020

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En medio de la crisis y la paranoia mundial en la que vivimos cabe un espacio para reformular y recalcular las cosas. Los medios de comunicación en todo el planeta han dedicado grandes espacios al cubrimiento diario del coronavirus, y la verdad hay que decirlo, no todos con la rigurosidad científica básica.

Cuando la OMS hizo la declaración de “pandemia”, nuestro país tomó en las siguientes horas medidas similares a las que se han definido en otras latitudes. Con la decisión del Gobierno nacional de decretar la emergencia sanitaria y la de la alcaldesa de Bogotá de decretar alerta amarilla, entramos en el circuito mundial de lo que se llama la fase de contención.

Para nuestro sistema de salud, en términos globales, estas medidas suponen un reto inmenso. Los especialistas y profesionales deberán trabajar de la mano de los administradores y personal de apoyo en tiempo real. Habrá decisiones que se deban tomar con poco margen de estudio, ya que el tiempo apremia. La contención es una fase crítica, que, de no hacerse bien, puede desencadenar en problemas mayores como los de Italia, país que infortunadamente tuvo que llegar a medidas extremas y de total aislamiento de su población por no ponerle seriedad al asunto desde un principio.

En este nuevo escenario se vuelve muy relevante algo que ya Colombia comenzó a trabajar y es el sistema interoperable de salud. En enero de este año se promulgó la Ley que da el marco jurídico necesario. La interoperabilidad aumenta la seguridad de los pacientes, ya que permite acceso y disponibilidad de datos médicos y clínicos de manera rápida.

Poder tener los datos clínicos casi que en tiempo real permite atender a algunos pacientes desde varios puntos de servicio, o al menos, interconectar a varios especialistas. Esto en el futuro va a mejorar seguramente la calidad de vida del paciente promedio.

La teoría es muy buena, la práctica no tanto. No estoy seguro de que todas las IPS, clínicas y centros de salud estén listos para recibir un mayor número de pacientes que los promedios que conocemos. Es muy relevante que los distintos actores del sistema de salud hoy pudieran intercambiar información y hacer un verdadero trabajo en equipo. Pasar datos sensibles de una plataforma a otra puede tener complicaciones técnicas. La transferencia de conocimiento es igual de importante. Hay diversidad en los niveles de capacitación de especialistas y en general de mandos medios a nivel tecnológico. Se requiere una capacitación muy rápida, no solo en la Ley, sino en el manejo de datos sensibles de pacientes y las implicaciones legales y sociales que puede tener un mal manejo.

Para intercambiar información de manera fluida es necesario implementar algunos estándares técnicos. Los datos de los pacientes no son iguales en todos los sistemas de salud. Hay actualmente algunas organizaciones que han abanderado la problemática y que pretenden unificar los distintos criterios para tener una verdadera interoperabilidad. Los avances han sido lentos.

La dificultad en desarrollar puntos en común está en que dichos estándares deben ser multipropósito, pues hay temas relacionados con entrega de mensajes, terminología y lenguaje técnico, soportes y documentos adjuntos, aplicaciones diversas para casos de enfermedades puntuales y, por supuesto, el dolor de cabeza de los ingenieros de sistemas: el diseño de arquitectura de una plataforma. El reto es gigante, y pone nuestros servicios de salud a prueba.