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El presidente Juan Manuel Santos invitó hace pocos días a la prensa nacional a reflexionar sobre el optimismo y la forma en la que se están cubriendo temas de interés público. Santos y su familia, anteriormente dueños de un reconocido periódico, conocen perfectamente la mecánica y las formas de todo tipo de periodistas que hay en el país. Coincido con el presidente que hay algunos colegas que se sobreactúan ante temas de poca trascendencia, hay agendas propias en los medios y como siempre he dicho hay que tenerle miedo a las cosas que no salen publicadas y las razones por las cuales no salen publicadas.

El criterio periodístico, algo tan sencillo y simple en algunos temas se puede volver un galimatías en otros. Lo acabamos de vivir en los ejemplos de Buenaventura y a nivel internacional con el conflicto de Siria. En temas complejos no hay verdades absolutas. Funciona el método científico de dudar constantemente. Funciona tener buenas fuentes y oír versiones. Es grave cuando un medio toma posición propia y deja por fuera ciertas fuentes. Si solo le dan credibilidad a algún sector y se veta a otro, la información sale sesgada. Toda la prensa tiene algo de sesgo, pero un mismo medio, inclusive, con varias voces de información y opinión supone equilibrio en el largo plazo.

No olvidemos a la audiencia, hoy con unas herramientas poderosas en su mano como lo son las redes sociales. La palabra noticia, en inglés “news” viene de nuevo, novedad, novedoso, lo que llama la atención. Es cierto que dentro de la audiencia funcionan muy bien temas que llaman la atención por lo escandaloso o morboso. Hay sectores extremistas del periodismo que juegan al amarillismo, y exceso de curiosidad de la sociedad. Por eso se vuelven tan taquilleros los temas de infidelidades, ataques terroristas, corrupción y demás. La gente es así. 

El ser humano está diseñado en su cerebro para identificar inmediatamente los peligros y riesgos. Es por esto que los bebés lloran en un tono tan elevado, pues el oído de su madre está parametrizado para recibir la señal por encima de todos los otros sonidos. Nuestros sentidos le dan preferencia a lo que está fuera de orden, lo peligroso, lo prohibido o lo miedoso. Esa es la razón por la que se vuelven virales los videos en internet y la gente comparte unos contenidos más que otros en sus cuentas. Tan es así, que seguramente a usted, desprevenido lector, le llamó la atención o al menos le despertó la curiosidad el título de la presente columna. 

Todo ese análisis coincide con el reclamo del presidente, pues el periodismo siempre se puede hacer mejor. Estamos malacostumbrados a no pisarnos mangueras y esa mala práctica eliminó del todo la autocrítica. Cada vez más, la gente pide mayor contexto, mezcla de visiones, análisis y explicación de las noticias. Los contenidos planos e informativos puros tienden a desaparecer pues la gente también tiene acceso a la misma información. Hoy por eso están de moda las infografías con cifras, datos y gráficos. Los lectores piden a gritos explicación, reclaman equilibrio y mayor entendimiento de lo que pasa en el mundo. Una cosa es que haga falta mayor rigor, y otra es que los periodistas nos abstraigamos de la realidad. La prensa debe informar cuando las cosas pasan. Los paros de maestros, Buenaventura y otros problemas no se pueden dejar pasar, solo porque vayamos a ser optimistas en la búsqueda de contenidos. Gracias por NO leer esta columna. Prohibido difundirla.