Analistas

La protesta que se volvió paisaje

Dos puntos de vista dividen hoy el pensamiento de los colombianos. El primero, mira las recientes protestas direccionadas desde Cuba y con directa relación con el proceso de paz. El segundo,  analiza desde el aspecto social y económico, el grito desesperado de quienes viven la desigualdad y el olvido del Estado. En este segundo grupo hay un importante número de campesinos colombianos a quienes hay que creerles, reconocerlos y buscarles soluciones sostenibles ante el cambiante panorama de la economía mundial.
 
El primer punto de vista corresponde al del presidente Juan Manuel Santos, cuando anunciaba la instalación de la mesa de diálogos con  una guerrilla debilitada, fraccionada, y lista para rendirse. Se calcula que hoy las Farc cuentan con menos de 8.000 hombres en armas, el número más bajo de miembros que ha tenido en su historia reciente. Para 2001, según el Ministerio de Defensa, llegó a contar con aproximadamente 20.000 hombres.
 
La guerrilla necesita volver a tener reconocimiento, sonar en los medios, especialmente internacionales y una forma de lograrlo es alimentando la protesta social. Incitando, y en algunos casos obligando, a terceros a que lo hagan en medio de un agitado contexto político. Elecciones que se avecinan, posible reelección y proceso de paz todo se mezcla como un gran cóctel Molotov. La protesta social tiene entonces una mancha que genera desconfianza para el Gobierno. La mancha que estaría buscando desestabilizar la institucionalidad.
 
En la protesta del Catatumbo, aparecieron audios y videos que, presuntamente, mostraban una relación entre marchantes y guerrilla. En un audio, alias ‘Duvan’, del frente 33 de las Farc decía: “Mañana me voy para Ocaña a tirar piedra, palo y plomo”. En otras comunicaciones, planeaban el envío de personas a la zona y hablaban de “encender” a Ocaña y a Tibú.  El pasado fin de semana cuando inició el reciente paro, el comandante de la regional número dos de la Policía, general Omar Rubiano, denunciaba que campesinos que no quisieron participar de las protestas fueron extorsionados con $40.000 cada uno. Dijo además que los que no tenían el dinero fueron obligados a entregar víveres para apoyar la protesta.
 
El segundo punto de vista no es para despreciar. ¿Por qué ante la indignación y el reclamo, el Gobierno siempre quiere estigmatizar antes de actuar y solucionar? La protesta que fue convocada hace dos meses por el movimiento Dignidad Cafetera, agrupa a un sector de los productores, otros gremios agropecuarios, camioneros y trabajadores de la salud. La gente pide menos desigualdad y son miles que reclaman más atención y ayudas del Gobierno. Tienen razones para hacerlo. Demasiados tratados de libre comercio están reventando a nuestros productores. Al igual que en el caso del fallo de la CIJ, es al actual gobierno al que le ha tocado enfrentar el acumulado de años de Estado ausente y decisiones equivocadas. 
 
Lo cierto es que la protesta finalmente se debilitó, se volvió paisaje, y  no tuvo la suficiente fuerza. Colombia después del “bogotazo”  no ha sido un país de protestas, ni de marchas masivas. No somos comparables con Brasil o Chile, mucho menos con Turquía o Egipto. Como bien lo argumenta Sandra Borda, PhD y analista internacional, “la diferencia fundamental entre Colombia y cualquier otra parte del mundo es que las marchas son muy diferentes cuando hay un conflicto como el que vivimos acá a cuando no lo hay. Aquí es imposible distinguir politicamente lo que ocurre en las protestas, pues la dinámica del conflicto armado, especificamente de la guerrilla, hace que esa protesta civil se vea desligitimada cuando el Estado arguye que esas movilizaciones están siendo permeadas por la guerrilla y es allí donde todas esas manifestaciones populares, del campo, pierden peso, pierden confianza y se sesga la protesta”.
 
Al sumar los puntos de vista uno y dos es cuando las cosas no terminan de cuadrar. Los distintos opositores al presidente Santos terminan unidos en un discurso ambiguo e incoherente. Nunca nos hubiéramos imaginado hace años en una misma línea de pensamiento, al senador del Polo Democrático, Jorge Enrique Robledo, y al expresidente, Álvaro Uribe Vélez. Si ambos están de acuerdo con el paro algo está mal.
 
Ñapa: Es inminente la visita en septiembre de miembros del Qatar Foundation a Colombia para invertir en proyectos deportivos y empresariales. Hay un fuerte acercamiento con el Deportivo Cali y en próximos días conoceremos la agenda.