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La Copa en medio de una crisis política

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El frío que recorre estas tierras chilenas, desde donde escribiré desde hoy y durante las próximas semanas, parece ser el entorno perfecto para dramatizar las profundas tensiones sociales y políticas que se viven justo cuando se desarrolla el torneo de fútbol más antiguo del mundo. Anoche se jugaba el partido inaugural con la selección local enfrentando a Ecuador, y la gente durante toda la semana estuvo más preocupada por temas como el paro de los profesionales del sector salud o los estudiantes reclamando una profunda reforma al sistema educativo.

El gobierno de Michelle Bachelet ha comenzado su segundo mandato de una manera accidentada. El ministro de la Segpre (Secretario de la  Presidencia), Jorge Insunza, ha renunciado esta semana por que se conoció un escandaloso contrato de asesoría con las importantes firmas Codelco y Antofagasta Minerals cuando era congresista. En su dimisión, Insunza ampliamente reconocido por sus habilidades como lobbysta, le dice a la primera mandataria: “Si la fe pública es vulnerada, la soberanía debe volver a su fuente, para restituir la confianza. Lamento profundamente haberle causado un problema, me comprometí a ayudarla en esta etapa”. (Ver Renuncia)

El conflicto de interés se conoció una vez el funcionario estaba posesionado para ser el segundo a bordo de la presidenta, teniendo en cuenta que las leyes chilenas no prohiben que un parlamentario tenga asesorías y consultorías, aunque con cierto tipo de restricciones. Algo que no podemos dejar que pase en Colombia, ya que el apetito voraz de ciertos de nuestros congresistas se dispararía tanto que dejarían del todo de asistir a legislar para dedicarse a sus propios negocios.

Bachelet desde Francia, donde estuvo en visita oficial, aceptó que la crisis principal es de legitimidad y de credibilidad del gobierno. Ella se defendió diciendo que cuando buscó la información pública de Insunza no encontró mayores conflictos. Explicación tibia e insuficiente para la población. El ambiente se siente en las calles. Los chilenos se llenaron de razones para enfurecerse, ambiente similar al que se vivió en Brasil el año pasado en el Mundial 2014, cuando el gobierno de Dilma Rousseff tuvo que enfrentar críticas y protestas, algunas de ellas muy violentas. Aquí en la calle la gente del común tiene una percepción de la situación actual de la Bachelet muy al borde del abismo. Hace días también se destapó un escándalo con las propiedades de su hijo. En pocos días la gente perdió la confianza, elemental en los negocios y la economía.

En un poco más de un año, Bachelet solamente logró impulsar una reforma tributaria que pocos analistas entienden. Es incierto el proceso de su implementación ya que algunos cambios se dieron sobre la marcha y en el transcurso de la aprobación, sin que se supiera exactamente cómo se iba manejar en detalle. No es gratis que su popularidad haya caído de manera dramática en tan poco tiempo. 

Hoy la gente aquí debería estar hablando del juego México-Bolivia en Viña del Mar, o de los atractivos partidos del fin de semana Argentina – Paraguay o el esperado Brasil-Colombia del domingo. La mayoría de la gente, sin embargo,está en otra cosa. La Copa América se vive más en los canales de televisión abierta TVN y Canal 13, en las emisoras y la prensa deportiva. El cubrimiento es impresionante, pero hasta los mismos periodistas chilenos no dejan de hablar de la crisis institucional. Lo más preocupante es oírlos hablar afuera de los micrófonos, ya que algunos pronostican que la crisis aumentará.

Es importante observar que el panorama chileno se podría rápidamente parecer al colombiano. Los paros son similares, la reforma tributaria necesaria y los conflictos de interés de algunos funcionarios del gobierno que son más que evidentes.Ojalá algunos como el “Superministro” Martínez que ya salió, tomen ejemplo al igual que el ministro Insunza aquí en Chile, de dar un paso al costado ante la duda razonable de conflictos en el área de la ética. Colombia no se puede dar el lujo de perderla confianza. El gobierno insiste en hablar de paz, pero antes de eso viene la reconciliación entre los sectores políticos colombianos y el fortalecimiento de la confianza. Qué lejos estamos aún de esos objetivos idealistas!
 

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