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Analistas 05/08/2022

El narcoestado

Jorge Hernán Peláez
Columnista y periodista de Al paredón del Diario LR

La nueva narrativa que trae el cambio de gobierno es un giro mental excesivo para millones de colombianos. En los gobiernos de Álvaro Uribe Vélez se habló de “Seguridad Democrática”. Luego en los gobiernos de Juan Manuel Santos la narrativa cambió a “La Paz”. Con el gobierno saliente de Duque no hubo una narrativa robusta, teniendo en cuenta que fue al mandatario al que le tocó asumir la pandemia. En el futuro recordaremos a Duque como el presidente que vacunó a los colombianos, y debo decirlo, con resultados muy por encima de cualquier expectativa inicial.

Petro intentará seguir el camino de algunas naciones que giran en el camino para reversar tendencias macro y construir otras de manera estructural. Es evidente que no alcanzan cuatro años para temas ambiciosos. Desde la próxima semana estarán buscando construir una figura de izquierda, o de centroizquierda, que pueda dar continuidad a sus intenciones políticas y así llegar a la presidencia en 2026 con la misma narrativa. Ese camino será duro para los que esperan ser sucesores, sabiendo que algunos de ellos son alcaldes de grandes capitales actualmente.

Uno de los vuelcos que han denominado “Paz social” o “Paz Total” es una actualización del modelo que implementó Juan Manuel Santos. El santismo está de lleno metido en el nuevo gobierno del Pacto Histórico, así como el samperismo. Sin esos dos aliados políticos, la izquierda fundamentalista tendría serias dificultades para intentar gobernar un país tan laberíntico como Colombia.

El equipo jurídico del Pacto Histórico está intentando diseñar unos mecanismos de transición y justicia para desmovilizar a miles de colombianos que hoy están en clanes, oficinas, bandas, grupos o como se quiera llamar. Hay otras estrategias para las disidencias y una puntual muy específica para el ELN. Todos participan del negocio narco.

La idea macro es desmantelar la mayor cantidad de grupos que operan abiertamente en grandes departamentos del país. Lograr eso es imposible sin un inicio de legalización del negocio de las drogas. Así les guste, o no, la narrativa gubernamental va a ser la de pacificar el país otorgando beneficios crecientes y graduales a los actores de ese lucrativo negocio. En los 90 Pablo Escobar negoció con el gobierno de Gaviria tener su propia cárcel para dejar de matar policías por todo el país y evitar una extradición. Unos años después los hermanos Rodríguez Orejuela financiaron la campaña de Samper para obtener beneficios. Las Farc fueron más allá y lograron un acuerdo de paz con Santos. Esto no es nuevo, ya lo hemos vivido, solo que ahora va a ser de frente, amplio y con consecuencias sociales, políticas y económicas que no nos imaginamos todavía.

Lo primero que harán es recorrer el camino de la marihuana recreativa, legalizando partes de la cadena. A nivel internacional hay varios países que lo aceptarán. El paso inicial con Cannabis Medicinal y exportaciones de flor seca viene avanzando. Una segunda fase será la legalización de la producción de hoja de coca, luego la distribución y eventualmente legalización total. Hay que comenzar el debate ya mismo, pues la solución no es fácil y puede tomar años la implementación. Por ahora debemos acostumbrarnos a ser el narcoestado, aunque lo quieran llamar “paz total”.

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