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El agujero negro

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Ya vimos la realidad de un agujero negro. Para ser precisos, vimos lo que hay alrededor del agujero. Tomar una foto de un agujero negro resulta ser una tarea para nada trivial. El miércoles de esta semana, el planeta entero se sorprendió con la imagen publicada simultáneamente en conferencias de prensa llevadas a cabo en seis ciudades: Washington, Bruselas, Lyngby, Santiago de Chile, Shanghái, Taipéi y Tokio. La convocatoria divulgó lo que se ha considerado como un resultado “de alto impacto” dentro del gran proyecto Telescopio del Horizonte de Sucesos (EHT, por sus siglas en inglés). Según los modelos físicos modernos, las estrellas llamadas agujeros negros poseen tanta gravedad que no existe algo a su alrededor que pueda escapar a su atracción, ni objetos, partículas, campos electromagnéticos, ni tampoco la luz.

Si eventualmente un rayo de luz cae al agujero, no puede salir nunca. Volviendo al rigor, la foto en sí misma no muestra nada del agujero, lo que se observa es la luz alrededor interactuando con él, lo que se conoce en astrofísica como el horizonte de sucesos, de ahí el nombre del proyecto. Es lo último observable justo antes de pasar por el punto de no retorno. Esta luz rodea el fondo para conseguir imaginarse ver el agujero por visión de contraste. El cerebro entonces proyecta una gran bola negra envuelta por mucha luz que se ve atrapada por el brutal nivel de campo gravitacional.

En el proyecto se lleva trabajando por años en diferentes países, institutos, universidades y grupos de inves- tigación. La ciencia moderna ha avanzado en las últimas décadas únicamente con trabajo en equipo. El último caso famoso de un matemático que trabajó en solitario desde su infancia en un antiguo problema de la teoría de números, fue el británico Andrew Wiles, quien a mediados de los años 90 demostró el Teorema de Fermat que parecía invencible por varios siglos.

Al final, Wiles terminó los detalles también con la ayuda de Richard Taylor otro matemático británico. En medicina, biología, química, física, astrofísica y otras disciplinas de rigor ya es normal ver equipos de varios científicos de múltiples latitudes trabajando en sus investigaciones a nivel de doctorados. La dificultad de los problemas que se están resolviendo actualmente inclusive hace que los científicos humanos estén apoyando grandes partes de las soluciones con Inteligencia Artificial y robustas soluciones con capacidades excepcionales de computación y procesa- miento de altísimo nivel.

Me alegra profundamente que la gran hazaña de la foto del agujero negro fue posible, al final, gracias al trabajo de una mujer. Katie Bouman, norteamericana de 29 años, ingeniería eléctrica graduada cum laude del Instituto Tecnológico de Massachusetts MIT, que desarrolló desde 2016 un algoritmo para “ver lo invisible” en su último trabajo como estudiante. Hoy es profesora del titular del California Institute of Technology Caltech. La pieza que descubrió Bouman es fundamental pues permite comprobar que la imagen obtenida no es resultado de un error en la transformación de los datos. Esto resulta muy importante por la cantidad de “ruido” con el que llegan a veces las imágenes del espacio y los datos en bruto antes de ser procesados. Este gran salto de la humanidad abre una puerta a los elementos que hacen falta para unificar los modelos de la física que todavía no hemos podido conjugar en simultánea: las visiones de Newton y de Einstein. Con esta foto estamos un poco más cerca.

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