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El Ágora Digital

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El año 2015 finaliza con tres mensajes políticos importantes en el continente. Argentina con cambio significativo después de 12 años de gobierno en manos de Néstor Kirchner y, luego de su fallecimiento, de la viuda y desubicada Cristina Fernández. La palabra desubicada tiene varias connotaciones, ya que la política macroeconómica y las reformas impuestas dejaron a Argentina como uno de los peores países del planeta en ese tema (Ver Economist). Según el periodista de ese país, Jorge Lanata, quien se volvió uno de los fuertes opositores desde los medios al régimen, la desubicación también va por la forma cómo desvió dineros a negocios familiares. En el caso de sus intereses, aplicó una política de enriquecimiento diferente a la usada en el país que gobernaba (Ver Lanata). 

En Venezuela no hubo cambio de gobierno, pero las elecciones parlamentarias dejaron un gran mensaje político. La victoria de la oposición con más de 67% de las curules, se convirtió en un golpe tipo knock-out para Nicolás Maduro, otro gobernante heredado por la muerte del líder natural Hugo Chávez (Ver Time). Ahora la Asamblea podría convocar a un referendo revocatorio. Maduro siguió con las malas prácticas macroeconómicas, al punto de ahuyentar la inversión extranjera. Los problemas de abastecimiento de productos básicos, la exagerada inflación, la recesión desde 2014 y el desbordado gasto fiscal son los tumores de un cáncer que viene haciendo metástasis. Lo más dramático del cuadro de este posible enfermo terminal es que los síntomas, como el manejo de las tasas de cambio, hacen de la economía de Venezuela un estado al borde de no ser viable. Para la mayoría de académicos del mundo, Venezuela es el ejemplo perfecto de cómo destruir una economía (Ver Articulo). 

Colombia sintió el coletazo por 10 años, en donde algunos sectores ganaron algo, pero la mayoría de nuestros industriales y trabajadores perdieron. Hoy no es casualidad que en la frontera se haya aumentado el contrabando de ambas vías y las bandas criminales, guerrilla y herederos de los “desmovilizados” paramilitares, trafican con la asimetría del precio de la gasolina que subsidian allá. Guajira, Norte de Santander, Santander y Arauca conocen bien el drama de esta distorsión. 

En nuestro país, el segundo cargo de elección popular, la Alcaldía de Bogotá, también deja un importante mensaje. En una columna anterior ya había realizado mi análisis (Ver Columna). Los tres alcaldes de izquierda durante 12 años agotaron la paciencia de la mayoría de bogotanos, por falta de gestión, corrupción y escasos avances en infraestructura, movilidad y seguridad. Peñalosa es el resultado del voto castigo. 

Las tres votaciones tienen un ingrediente nuevo: el ruido de ciudadanos en las redes sociales. Esta nueva tecnología sirve para acercarse a la gente, convocarla y leer sus ideas. Otro uso para los dirigentes y candidatos políticos es el de generar noticias. En América Latina algunos todavía están aprendiendo a usarlas. La penetración de Internet, telefonía móvil y las mismas redes, parece inferior al de países desarrollados, pero en pocos años nuestro continente va a equipararse. Los políticos corren dos riesgos con estas tecnologías, una el sobredimensionamiento y otra la subestimación. Gustavo Petro, Nicolás Maduro y Cristina Fernández tuvieron por años un creciente número de opositores digitales, que reaccionaban antes arbitrariedades y decisiones irracionales en materia social y económica. 

Otros gobernantes han recibido también su propio castigo como Dilma Rouseff, Michelle Bachelet y hasta a Juan Manuel Santos lo critican por la forma de llevar el proceso de paz. Aristóteles en la antigua Grecia desarrolló el concepto de democracia, o gobierno del pueblo, en el Ágora de Atenas, donde los ciudadanos opinaban y hablaban de política. 

Hoy, las redes sociales reflejan esa utópica idea, al menos en un importante porcentaje que está comenzando a afectar la elección de dirigentes políticos.
 

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