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Dejaron la olla raspada

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No es inusual observar en nuevas administraciones públicas manifestaciones al estilo de la reciente declaración del ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, al referirse a la falta de recursos que deja el gobernante anterior.

En alcaldías, gobernaciones, ministerios y gobiernos nacionales por varias décadas se repite el fenómeno de la olla raspada. El faltante, según Carrasquilla, es de $25 billones para el año.

Su objetivo es no dejar que haya un aumento significativo del déficit, lo que supone recortes al gasto público, ideas creativas de la reforma tributaria (que muchas comenzarían a aplicarse hasta el 2020) y, si es necesario, una suspensión o freno del presupuesto cuando sea necesario.

A todo ministro de Hacienda le toca enfrentar eventualmente duras situaciones que son impopulares y complicadas de explicar públicamente. Lo que está pasando en Argentina con Macri es un perfecto ejemplo de las decisiones que se deben tomar sobre las coyunturas macroeconómicas que a veces van en contravía del imaginario colectivo.

El 2019 indudablemente tendrá cambios en los ingresos del Estado por cuenta del sector petrolero a nivel internacional. El precio del barril referencia WTI durante los primeros días de septiembre ha oscilado entre US$68 y US$71.

Los analistas de JP Morgan Chase proyectan un incremento del precio para el siguiente año, llegando inclusive a tener meses de US$95 por barril. Toda la expansión del precio, teniendo volumen razonablemente estable, nos muestra un panorama en donde los dividendos de Ecopetrol, más la reactivación del sector de hidrocarburos, suponen un alivio al dramático panorama presentado por el Ministro.

La proyección de la devaluación también tiene su respectiva dosis de incertidumbre. Asuntos estructurales de la economía mundial todavía están por resolverse. La relación dólar – libra esterlina tendrá mucha volatilidad por la implementación del Brexit.

La pesada negociación del acuerdo comercial entre Estados Unidos y China desembocará en fluctuaciones del yuan mientras no se logre la firma, y la tasa de cambio euro-dólar estará flotando entre mínimos de 1,11 máximos de 1,19 durante todo el año.

Sumado a que vienen decisiones de tasa de interés de la Reserva Federal que traen movimientos en todas las monedas. Será un año de movimientos fuertes, y nuestro peso podría revaluarse un poco, observando proyecciones de Citibank que apuestan por $2.850 mientras que Goldman Sachs habla de niveles de $2.650. Un peso ligeramente revaluado trae alivios para algunos, pero no se debe confiar en esa situación.

Sectores diferentes a hidrocarburos van a tener otra realidad. Colombia ha decidido apostar por la nueva economía naranja, el turismo, los servicios, la tecnología y hemos desestimulado sistemáticamente todo lo que tiene que ver con producción, sector real e industrial. Hace falta un gran plan de choque para reactivar el consumo, la confianza del consumidor en estos momentos es una variable crítica. En dicho plan debe haber sintonía entre empresarios y gobierno.

Para cada sector hay planes puntales, que los gremios han propuesto en los primeros días del nuevo mandato Duque. Algunos son viables a corto plazo y con una sana discusión pública se pueden hacer cosas que alivien la tendencia que traía el natural desgaste del último año del gobierno anterior. Alarma de Carrasquilla que destapa la olla raspada, pero no nos podemos quedar mirando el retrovisor para siempre.

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