Analistas

Colombia: Hampa Salvaje

A mitad de semana se conoció el anuncio del Gobierno Nacional de un nuevo proceso de negociación con la guerrilla de las tres letras. La otra guerrilla, la de las cuatro letras, supuestamente ya está cerca de firmar el acuerdo de cinco puntos en el que llevan discutiendo años. Con esta guerrilla de tres letras no serán cinco sino seis los puntos en la agenda. 

Nada raro que los de las cuatro letras quieran modificar el acuerdo e incluir el sexto punto, lo cual demoraría otro número importante de meses la negociación. Recuerden que no escribo explícitamente los nombres de dichos grupos terroristas y narcotraficantes al margen de la ley, ya que en sus mentes retorcidas ellos consideran cada “mención” en medios de su marca como publicidad gratuita. Invito respetuosamente a otros colegas a buscar formas creativas de informar, sin escribir o decir esas marcas. No caigan en el juego perverso del terrorista. 

Invoco de nuevo el sano y necesario escepticismo ante el anuncio. El escepticismo, poderoso y fundamental en el pensamiento científico, debe estar a la mano de los colombianos que ya nos acostumbramos a no asombrarnos ante la dimensión de nuestros escándalos. Colegios donde se roban la comida de los niños, jueces y magistrados con tarifario que cobran por fallo, servidores públicos fletados por bandas criminales, paramilitares y guerrillas, policías que organizan el servicio de prostitución con congresistas como clientes, azafatas de aerolíneas que transportan droga y moneda extranjera, tramitadores ilegales dentro de las entidades públicas, bandas de blanqueo de información en el sistema Muisca de la Dian, empleados que agilizan trámites en aduanas cobrando por debajo de la mesa, exportadores de empresas de papel que no exportan físicamente productos pero sí mueven dinero en el exterior, banqueros de rango medio que ayudan a lavar dinero de sus clientes, empresarios torcidos que compran y venden futbolistas como ganado sin declarar los movimientos, alcaldes al servicio de las mafias de transporte o mafias de constructores de sus ciudades, congresistas que manejan y cobran su respectiva comisión por “agilizar” movimientos en áreas de tesorería de entidades de la salud, profesores fantasma, notarios fantasma, usuarios del Sisbén fantasma, muertos que votan, dineros de las EPS que viajan al Triángulo de las Bermudas y desaparecen del sistema de salud, estructuras de offshore sobre offshore imposibles de desmantelar como las de Interbolsa, usuarios de los sistemas de información de entidades que no corresponden a seres humanos y firman decretos, hackers que secuestran información y luego cobran por devolverla, el fleteo, la vacuna, el secuestro express, el paseo millonario y otros males. Con estas historias se podría hacer la película “Colombia: Hampa Salvaje”. Todo eso sin mencionar la estructura temible del narcotráfico.

Como dijo Juan Lozano en su columna, el volumen de cultivos sigue creciendo de manera desbordada y ahora las estructuras narco han mutado. No solo las dos guerrillas participan de la cadena del negocio, también hay políticos, policías, miembros del Ejército, empresarios, funcionarios, estudiantes y hasta adultos mayores que lograron crear un sistema de narcotráfico imposible de ver y desmantelar. 

Aplaudo del gobierno que haya designado al valiente Frank Pearl como cabeza negociadora, pero al frente de la mesa va a tener a las mentes más retorcidas y criminales imaginables. Similar a Humberto de la Calle en La Habana con otros iguales o peores. Nada menos que los socios del “Chapo” Guzmán, Al Qaeda y el Estado Islámico, compradores finales de la droga que sale de Colombia y pasa por Venezuela. Ojalá el escepticismo sirva para entender que hay que apretar los dientes en la negociación y lograr la firma ojalá rápido y en términos razonables. Como dijo el Presidente en el discurso, aquí la prioridad es la reparación de las víctimas, no los beneficios a los guerrilleros narcos.