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Casi - no pierden valor

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Jorge Hernán Peláez

Jean-Charles Naouri es un matemático francés de 70 años, disciplinado, tímido, frío, impredecible, metódico, muy inteligente y especialmente hábil para los negocios. Es quien controla una maraña de holdings sobre el grupo Casino. Dentro de sus particularidades, Monsieur Naouri siempre usa corbata roja, pide de almuerzo el mismo plato todos los días y se rodea de pocas personas de confianza. Su círculo de soldados leales lo encabezan Arnaud Strasser y Jacques Dumas. La última y sorprendente “iniciativa estratégica” de Monsieur Naouri es reversar la polémica compra que hizo Éxito hace cuatro años de las acciones del grupo brasilero Pão de Açúcar (GPA).

Cuando Casino anunció en 2007 que adquiría el control del Éxito, las acciones costaron $13.052. En julio de 2015, con acción a $22.800, Éxito anunció que compraría 19% de acciones de GPA (también controlada por Casino) a un valor de 100 reales por acción, pagando prima de control de 39% sobre precio. Realmente Casino pasaba plata de un bolsillo a otro, dejando a Éxito con alto apalancamiento, pues tuvo que usar $1 billón de su caja y $4,6 billones en préstamos bancarios para adquirir el “control” de GPA y las operaciones en Argentina. A partir de ese momento se inició el ocaso del precio de la acción del Éxito, que bajó inclusive a $10.000, y nunca recuperó su valor previo. Casino se llevó esa plata para disminuir deuda, al igual que hizo, pocos meses después vendiendo sus operaciones en Asia.

Ahora GPA se propone comprar las acciones de Éxito, tomando deuda bancaria, el dinero va a los accionistas minoritarios y a Casino, que usará esos recursos para comprar al Éxito sus acciones de GPA y la compañía brasilera queda como único accionista, que ahí si deja de ser colombiana del todo. Éxito reportaría ahora a casa matriz en São Paulo, Brasil, quedando en la parte más baja de la cadena alimenticia empresarial.

La operación me parece un “tumbe” disfrazado a fondos de pensiones y accionistas minoritarios. En Colombia las reglas del gobierno corporativo son insuficientes para proteger a los minoritarios en transacciones de partes relacionadas. El mayoritario se debería apartarse de decisiones de junta directiva y abstenerse de votar en la asamblea de accionistas. Nuestra regulación débil permite que mayoritarios se impongan en las asambleas, por más independencia de la junta y comités de asesores.

Si Éxito hubiera invertido en la Bolsa de Colombia, lo que invirtió en GPA, el retorno de la inversión hubiera sido de 56% en los cuatro años, mientras que el retorno de las acciones de GPA fue de -7% en el mismo período. Esto representa un costo de oportunidad (o pérdida de valor) equivalente a $2,7 billones. Los minoritarios en su momento aceptaron a regañadientes el globo de comprar una compañía de mayor tamaño en Brasil con deuda. Si hablamos de precio “justo”, no puede ser el rango de $16.000 a $18.000 que propuso Monsieur Naouri. “Justo”, según mi opinión, debe ser al menos los $22.800 por acción que valía antes del inicio de la odisea brasileña, recordando que Éxito llegó a estar en 2012 en más de $37.000 en bolsa. Además, lo “justo” es que esta vez en la asamblea el accionista mayoritario se declare impedido para votar y reconozca el valor real de la acción de Éxito en GPA por encima de lo que costó esa locura. Atrás quedó el sueño de conquistar el mercado de Brasil. Un día se es dueño al otro día sirviente. C’est la vie!

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