Analistas

Colombia apuesta contra la innovación

Por estos días en Ginebra (Suiza) la Ompi, el Insead y la Universidad de Cornell presentan el Índice Mundial de Innovación en su edición 2017, en el que se verá un retroceso en la calificación de nuestro país por la reducción sustancial que se hizo al presupuesto de Ciencia y Tecnología por parte del Gobierno Nacional, que al parecer no entiende la importancia de este factor para desarrollar la economía nacional y asegurar su crecimiento a largo plazo.

 En Corea del Sur la inversión en I+D (Investigación y Desarrollo) es de 4,3% del PIB; en Japón de un 3,6%; en Suiza, Alemania, Estados Unidos, Dinamarca, Finlandia y Suecia rodea el 3%; un monto millonario que destinan al futuro de sus economías, ya que no se limitan a pensar en el presente y, por el contrario, desde ya empiezan a asegurar el bienestar de su futuro. Ellos entienden bien que la innovación es indispensable para aumentar la productividad y con ello satisfacer la creciente demanda mundial, por ejemplo, en alimentos, energía y medicamentos.

 En Colombia el panorama es completamente opuesto, en vez de aumentar la cantidad de presupuesto que se destina a Ciencia y Tecnología, para tener en el futuro una economía altamente competitiva, el monto se reduce a grandes manos. De esta manera, si bien la cifra ya era insuficiente, desde este año es aún menor, pues pasó de $333.000 millones a $284.000 millones, 33% menos que en 2015 cuando era de $414.000 millones. La cifra nacional de inversión en I+D apenas alcanza un vergonzoso 0,2% del PIB, que no se acerca si quiera a la modesta meta nacional de 1%.

 Esta situación es una muestra de la condición actual de la economía y refleja la poca transformación productiva y el deterioro de las cadenas de valor, que junto al agro debieran ser los mayores focos de investigación e innovación en el país. Sin embargo, los $1,3 billones que se tenían destinados a estos propósitos en las arcas del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación se trasladaron, en la modificación presupuestal, para construcción de vías terciarias, en razón de cálculos políticos y la falta de ejecución. 

 Sumado a lo anterior, la gestión del escaso presupuesto se hace acudiendo a la intuición popular y en busca de bienestar inmediato, sin entender el verdadero propósito de la investigación, que debe estar adecuada a las necesidades nacionales, a largo plazo y en desarrollo de las ventajas competitivas que tiene nuestra economía, y no por moda científica.

 Teniendo en cuenta este panorama, los resultados del Índice Mundial de Innovación 2017 son una buena oportunidad para replantear los despropósitos y abrir el pensamiento con miras al futuro del país y la verdadera búsqueda del bienestar de los colombianos, que en gran medida proviene de la investigación, ya que efectivamente son muy importantes los logros a conseguir en los próximos 50 años, pero sin dejar de lado la forma de hacerlos posibles, para lo cual se requiere obligatoriamente de una economía robusta, competitiva y altamente innovadora.