Analistas 28/11/2020

Vacunas: mas reto que solución

En 1796, Edward Jenner creó la primera vacuna exitosa contra la viruela, en Reino Unido, pero tuvo que pasar casi un siglo para que los tratamientos con vacunas empezaran a mostrar señales de que se podía lograr erradicar la enfermedad de manera efectiva en algunas partes del mundo.

A partir de 1967, gracias a un esfuerzo global y a varios avances tecnológicos en cadenas de suministro, producción y la modernización de las agujas, se puso en marcha un proceso que culminaría en 1980 con la desaparición oficial de la enfermedad. Hasta el día de hoy, la viruela sigue siendo la única enfermedad que se ha eliminado por completo en todo el mundo a través de la vacunación.

Como sucedió con el VIH, el sarampión y la varicela, enfermedades que los expertos califican como endémicas, hoy se estima que hay una alta probabilidad de que el coronavirus no se vaya nunca y que persista durante décadas, circulando entre la población mundial, incluso luego de que se aprueben y distribuyan vacunas a nivel global.

Lo que sí puede tener una duración más corta es el efecto eufórico que ha provocado en las bolsas del mundo y los mercados de capital la publicación de los resultados positivos que han arrojado las pruebas clínicas de las vacunas elaboradas por Pfizer y BioNtech, así como la de la empresa farmacéutica Moderna.

Esta ola de esperanza que ha animado a los inversionistas, también impulsada por los resultados de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, puede evaporarse rápidamente a medida que se entienda de manera mas clara como será su distribución y se vea su eficacia en poblaciones fuera de los ensayos clínicos.

Es evidente que esta etapa que estamos a punto de empezar en la novela del covid-19 no será la última y que nos enfrentamos a un período de transición en el que las esperanzas que trae la ciencia convivirán a diario con la crueldad, el sufrimiento y las secuelas sociales y económicas que deja la enfermedad.

El invierno en el hemisferio norte plantea sigue con gran incertidumbre sobre si seguirán habiendo restricciones de movilidad y contacto social y si estas tendrán que endurecerse en función de los datos sanitarios. La canciller alemana Angela Merkel comentó recientemente que se espera una dura segunda ola en el invierno y ha sido contundente en sus afirmaciones tratando de disminuir las expectativas de que la crisis del coronavirus terminará pronto por el rápido desarrollo de las vacunas e insistiendo que se debe asumir que la segunda ola puede ser dura.

Aunque las noticias sobre los resultados de los ensayos clínicos sean alentadoras, es importante ser consciente de que mas allá de estar en un proceso acelerado para encontrar un mecanismo de inmunización ante el coronavirus que causa el covid-19, estamos poniendo a prueba técnicas de diseño, fabricación y manejo de cadenas de distribución global que nunca se han implementado a escala global.

Llevar las vacunas a todos los rincones del mundo será un desafío logístico sin precedentes, siendo la temperatura de conservación una variable extremadamente crítica para garantizar la efectividad. Uno de los talones de Aquiles para la vacuna de Pfizer por ejemplo es que se necesita conservar a una bajísima temperatura (-80ºC) requiriendo el uso de una importante infraestructura para poder almacenar grandes cantidades de producto.

Y como complicación adicional surge el hecho de las tres vacunas experimentales con mayor avance requieren de dos dosis, separadas 21 días, en el caso de la de Pfizer, o un mes para las otras.