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Saber: requisito para gobernar

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Para nadie es un secreto que una de las claves del éxito de un país como Singapur, se debe a su política invariable de combate a la corrupción. El promotor de esta iniciativa fue Lee Kuan Yew, considerado el padre del pequeño país localizado en el sureste de Asia, que ocupó el cargo de primer ministro desde 1959 hasta 1990. Lee Kuan Yew diseñó una infraestructura de gobierno con raíces y principios profundamente capitalistas pero al mismo tiempo con un enfoque estricto en lo social. La combinación de estas medidas económicas, junto con su política de minimizar la corrupción, impulsó la economía de esta joven nación hasta convertirla en uno de los países más competitivos del mundo.

Uno de los pilares de la estrategia de gobierno de Singapur, es el excesivo énfasis que se pone en la escogencia de ministros y altos funcionarios del Estado, así como en la forma en que son compensados salarialmente. La idea de Lee Kuan Yew es que todo funcionario del Estado, que tiene en sus manos el destino y el futuro de la nación, debe tener las calificaciones para ameritar el trabajo y debe recibir una compensación salarial similar a la que podría obtener si estuviera empleado en el sector privado. Con esa fórmula, por los últimos 20 años, a los ministros se les paga por encima de 70% de la media de las ocho personas que más ganan en varias profesiones: contabilidad, derecho, banca, ingeniería, etc. Lee creía que si los funcionarios públicos eran bien pagados, no tendrían la necesidad de buscar otras fuentes de ingreso, lo cual pudiera generar un incentivo para la corrupción.

La remuneración es una parte importante de la motivación que tendría un ciudadano profesional, con educación, trayectoria y experiencia para tomar la decisión de volverse funcionario público y aportar sus conocimientos y capacidad de gestión para el beneficio de un país, aunque no es el único punto a considerar. De la misma manera que sucede en las empresas privadas, un equipo directivo tiene que tener confianza y respeto por su líder, admirar sus ideas, principios y valores y ser capaz de apostar por un plan de gobierno. La capacidad de un gobernante de atraer talento está directamente relacionada con su estilo de liderazgo.

Suena lógico pensar que un presidente que está armando su gabinete, ponga especial énfasis en la selección de su gabinete ministerial. Esta selección no necesariamente tiene que estar enfocada en la componente académica, los estudios de posgrado o el nivel de las instituciones educativas a las que un candidato asistió, sino que debe centrarse en lo que los “head hunters” llaman el “fit” de la experiencia y conocimientos con los requerimientos de la posición. No tiene sentido pensar que un Ministro de Salud tenga que ser médico o un Ministro de Educación, maestro, lo que si suena disparatado es que esas curules sean ocupadas por personas sin ningún conocimiento de administración, finanzas y economía. Sobran los ejemplos de prominentes líderes políticos sin apenas formación académica que han logrado transformaciones históricas, gracias a que el capital intelectual académico se vio substituido por una experiencia gerencial que les desarrolló habilidades políticas y de gestión de intereses opuestos.

Otra componente importante que se requiere a la hora de administrar un gabinete, es la creación de indicadores de desempeño, los cuales estén diseñados a medir de manera objetiva y despolitizada, el desenvolvimiento de los funcionarios con respecto a un plan de gobierno.

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