Analistas

La herencia política en las redes sociales

Falta menos de una semana para que se realicen las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, uno de los procesos electorales con mayor cubrimiento mediático en la historia reciente. En enero 20 de 2017, Hillary Clinton o Donald Trump estarán en Washington D.C., siendo juramentados como el presidente número 45 y trasladándose a la Casa Blanca por los próximos cuatro años. Al mismo tiempo, Barack, Michelle, Sasha y Malia Obama, la actual familia presidencial, estarán sacando sus maletas (y su perro) para volver a una vida un poco más normal. Al mismo tiempo y como posiblemente no sucedió con sus predecesores, el abandonar la residencia presidencial y el cargo, implica una transición no solo en el mundo real sino en el ambiente de las redes sociales y el internet en general.

Falta menos de una semana para que se realicen las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, uno de los procesos electorales con mayor cubrimiento mediático en la historia reciente. En enero 20 de 2017, Hillary Clinton o Donald Trump estarán en Washington D.C., siendo juramentados como el presidente número 45 y trasladándose a la Casa Blanca por los próximos cuatro años. Al mismo tiempo, Barack, Michelle, Sasha y Malia Obama, la actual familia presidencial, estarán sacando sus maletas (y su perro) para volver a una vida un poco más normal. Al mismo tiempo y como posiblemente no sucedió con sus predecesores, el abandonar la residencia presidencial y el cargo, implica una transición no solo en el mundo real sino en el ambiente de las redes sociales y el internet en general. 

La llegada de un nuevo mandatario al poder en el mundo de los espacios digitales, requiere un manejo cuidadoso y bien planeado, particularmente ahora cuando el uso de las redes sociales ha sido una herramienta de comunicación trascendental para los líderes políticos del mundo.  

En el caso de los Estados Unidos e incluso el del Sumo Pontífice de la iglesia católica, su presencia en redes sociales se ha hecho a través de cuentas genéricas, no personales, que representan el cargo mas no el individuo en sí. El presidente Obama, desde el inicio de su periodo presidencial, se convirtió en el primer líder estadounidense en acoger las redes sociales. En junio de 2013 en un esfuerzo por estructurar la comunicación de manera ordenada y pensando en el manejo a futuro de la misma, fueron lanzadas las cuentas de Twitter @POTUS, para el presidente de Estados Unidos y @FLOTUS para la Primera Dama. Cuando el nuevo mandatario tome posesión en enero, deberá realizarse la transición de estas cuentas de la rama ejecutiva sin que se pierda el registro histórico de las mismas.  

Siendo esta la primera vez en que las cuentas en redes sociales se trasladarán de un Presidente a otro, la Casa Blanca ha desarrollado un plan detallado para la transición, plan que aunque no sea perfecto podría convertirse en un guía para otros gobiernos del mundo. En el caso de Twitter, la cuenta de la presidencia norteamericana cuenta con más de 11 millones de seguidores, los cuales, una vez se posesione el nuevo presidente seguirán recibiendo las actualizaciones que este publique sin necesidad de “seguir” a otra cuenta. Lo que sí cambiará, es que el conjunto de tuits que publicó Barack Obama durante su mandato, serán virtualmente trasladados a una nueva cuenta (@POTUS44) para que continúen estando disponibles para las siguientes generaciones. De la misma manera sucederá con las cuentas del Secretario de Prensa y del Vicepresidente, así como las cuentas de Instagram, Flickr, YouTube y Tumblr. El sitio web de la Casa Blanca (whitehouse.gov) será también preservado en la web.

El archivo de las comunicaciones digitales de un gobierno al igual que las publicaciones escritas y audiovisuales pertenece al pueblo y por lo tanto debe ser preservado como parte de la bitácora histórica de una nación.  Es por esto que en este mundo moderno donde las redes sociales ya no son un instrumento de unos pocos privilegiados, sino mas bien una herramienta cotidiana de la gente común, tiene sentido que cientos de horas de video publicadas en YouTube y abiertas a comentarios, miles de tuits y publicaciones en Instagram, sean vistas como una contribución importante a la labor de gobierno, y por lo tanto deban ser consideradas como  registros históricos como se ha hecho anteriormente con cartas o las notas de prensa de otros gobernantes.

Ojalá otros gobiernos sigan el ejemplo de Estados Unidos y comiencen a definir reglas y procesos para manejar la herencia digital de sus mandatarios y se eviten casos deplorables como el de Argentina, donde la saliente presidenta Cristina Kirchner “secuestró” la cuenta de la “Casa Rosada” (@CasaRosadaAR) luego de dejar el puesto y continuó utilizándola como herramienta de oposición y crítica al gobierno de turno.