sábado, 8 de febrero de 2020

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Andrew Ng, el famoso científico y emprendedor chino-americano, asemeja la llegada de la Inteligencia Artificial (IA) a nuestras vidas con lo que pasó con la masificación de la electricidad a finales del siglo XIX, al contemplar la aplicación de esta tecnología en múltiples industrias. La IA apunta a ser la próxima revolución tecnológica que cambiará la forma en la que trabajamos. La IA se sustenta en el diseño de algoritmos que imitan el pensamiento humano al “aprender” a través del reconocimiento de patrones y el aprovechamiento de actividades realizadas en el pasado. Esta tecnología se convertirá en poco tiempo en un aliado en diversas industrias, no para desplazar a la fuerza de trabajo humana, sino para complementarla y poder mejorar la calidad de vida de las personas.

Las tecnologías basadas en IA pueden identificar objetos, comprender el habla, traducir idiomas, reconocer caras y analizar sentimientos. Esto amplía considerablemente la gama de tareas que las máquinas pueden realizar, apoyando a la fuerza laboral para mejorar la eficiencia y la gestión de los procesos de las empresas. La IA contribuyó en 2019 con más de US$2 billones al Producto Interno Bruto global y se espera que contribuya casi US$15,7 billones para 2035 según un reporte reciente de la firma de consultoría PWC.

Hoy en día, por ejemplo, las empresas de comercio electrónico usan la IA para hacer recomendaciones de productos y servicios a sus clientes, optimizar sus precios y sus cadenas de suministro. En la industria de los servicios financieros se usa la IA para mejorar la forma en que se analiza el riesgo y para prevenir fraudes. Muchas empresas utilizan los algoritmos de “machine learning” en sus actividades logísticas para optimizar rutas y en el campo de la salud, la IA puede lograr que un médico que atiende en promedio 20 pacientes al día pase a atender 700, haciendo diagnósticos más precisos que los de un doctor promedio como lo hace hoy en día la compañía “Ping An Good Doctor” en China.

La inteligencia artificial tiene el poder de llevar a regiones en desarrollo como América Latina a niveles más altos de productividad, innovación y progreso socioeconómico, al hacer más eficientes a las empresas y traer servicios al público que antes solo eran accesibles para un porcentaje pequeño de la sociedad. Sin embargo, para poder desplegar de manera masiva la IA, se hace necesario talento especializado que hoy es a su vez, escaso a nivel mundial y muy bien pago. La demanda por expertos en IA se está convirtiendo en un problema de magnitudes inimaginables. Debido a que existen pocos expertos en el tema, las compañías que los requieren están apostando todo por ello al ofrecer salarios escandalosos, acciones y bonos por encima del promedio de la industria de desarrollo de “software” tradicional.

Los profesionales en IA requieren una formación más amplia que incluye múltiples disciplinas y una sólida combinación de conocimientos en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas actualizados casi en tiempo real. Ante la escasa oferta de profesionales, las compañías líderes en tecnología como Google o Amazon, han empezado a contratar académicos e investigadores de inteligencia artificial, sacándolos de los centros universitarios, un movimiento que hará que haya aún menos profesionales en los próximos años. Muchas empresas e incluso algunos fondos de inversión en tecnología, han decidido tomar la sartén por el mango y desarrollar sus propios programas de formación y “up-skilling” de talento para tratar de suplir la necesidad creciente de recursos en IA.