Analistas

Futuro cercano: un mundo sin empleo

En junio de este año, los ciudadanos de Suiza rechazaron en un referéndum, una iniciativa popular para instaurar un salario mínimo mensual universal y vitalicio de 2.500 francos suizos (unos 2.450 dólares americanos) para todos los mayores de 18 años, el cual, según sus impulsores, pretendía garantizar un nivel de vida digno para todos los ciudadanos del país.  A pesar del rechazo, Suiza ha dado un paso importante en el reconocimiento de un fenómeno que tarde o temprano será tema de preocupación para los gobiernos de la mayoría de economías industrializadas del planeta. 

Una iniciativa como la que se propuso en Suiza pretende reducir las desigualdades en un momento histórico en el que las diferencias salariales son abis- males y los avances tecnológicos, así como la automatización de ciertas tareas, han hecho que numerosos empleos caigan en la obsolescencia. También existe una razón de equidad social por la que se pretende reconocer el esfuerzo, no siempre remunerado que realizan muchos individuos que se dedican a actividades como en el cuidado de niños, ancianos y enfermos sin remuneración alguna. El presidente saliente de los Estados Unidos, Barack Obama, se refirió a esta idea de un ingreso básico universal en una entrevista reciente para la revista Wired, aunque con un enfoque más optimista. Para Obama, los trabajos de bajo nivel que no requieren de mayores habilidades, tenderán a desaparecer y a ser ocupados por máquinas. El lado positivo de esto, si se implementara un salario universal, es que las personas estarían más motivadas a dedicarse a actividades más complejas e interesantes, en áreas como el arte y la educación, sin estar tan pendientes de la remuneración económica.  

Es innegable que los computadores y los robots van a convertirse en un componente importante y significativa en la composición de la fuerza de trabajo en el futuro cercano, haciendo que una gran parte de los trabajos que hoy conocemos sean desarrollados de manera más ventajosa por una máquina. Es por esto que no suena descabellado, que a medida que más trabajos sean reemplazados por tecnología, los ciudadanos tendrán menos oportunidades de emplearse, las empresas tendrán menos vacantes y los gobiernos se verán abocados a considerar iniciativas como la propuesta en Suiza. 

Elon Musk, el exitoso empresario fundador y CEO de SolarCity, Tesla y SpaceX, ha manifestado en repetidas ocasiones que la sociedad actual debería empezar a considerar este escenario con cierto nivel de seriedad porque es sabido que en una economía capitalista los mercados favorecen la eficiencia de las empresas en términos de ingresos por empleado. Un ejemplo palpable de esta situación es el de Google, empresa que actualmente tiene una valoración que supera los US$500 billones y que cuenta con menos de 60.000 empleados, lo cual contrasta con la del gigante de las comunicaciones AT&T, que en 1964 llegó a valer más de US$260 billones (en dólares actuales) y que contaba con más de s750.000 empleados en sus filas.

El caso de Uber es paradójico en este contexto, al haberse convertido en una plataforma casi global que ha traído de vuelta decenas de miles de personas a la vida laboral, generando un resurgimiento de la actividad del conductor o taxista privado que desafortunadamente pareciera tener sus días contados con la popularización inminente de los vehículos autónomos. Lo mismo sucederá con los conductores de camiones y sistemas de transporte público, a medida que la tecnología permita que los vehículos se conduzcan solos o por control remoto. 

Desde el punto de vista más humano, la situación es mucho más compleja. Para algunos, la idea de contar con un ingreso garantizado y una mayor cantidad de tiempo libre puede sonar bien, para otros, el tener un trabajo y dónde estar todos los días es la forma en que le dan propósito a su vida. Es así como muchas personas odian su trabajo, pero se considerarían mucho más desgraciados si no lo tuviesen.
============Txt. EDITORIAL COLUMNISTA (27350034)============