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Epidemia de trabajo remoto

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Javier Villamizar

La enfermedad causada por el “coronavirus” 2019-nCov, continúa expandiéndose en China y según la Organización Mundial de la Salud, podría seguir afectando a decenas de países en los próximos meses. La provincia de Hubei, el foco de la epidemia, ha informado de cerca de 5.000 nuevos casos tras un cambio en su criterio de registro.

El riesgo que conlleva la posible expansión del “coronavirus” a nivel global, ha provocado que trabajadores de todas las industrias se hayan vuelto parte del mayor experimento laboral de los últimos años. El “tele-trabajo” o trabajo remoto se ha vuelto la alternativa que una multitud de empresas ha empezado a adoptar como mecanismo de defensa ante la incertidumbre que ha generado la propagación del mortal virus. Los empresarios, por razones legales no puede inmiscuirse en si sus empleados están enfermos o no, pero a la vez tiene la obligación de protegerlos. Si se encuentra que hay un indicio de enfermedad se puede legalmente eximir al profesional de acudir al trabajo, al mismo tiempo, la empresa tiene la obligación de implantar medidas preventivas para evitar un contagio masivo.

Muchos empresarios temen que el éxodo de las oficinas por miedo el contagio, disminuya los niveles de productividad, aunque existen evidencias de lo contrario. Los resultados de un estudio de 2015 de la Universidad de Stanford en California indicaron que el rendimiento de los empleados de varios centros de atención telefónica de una agencia de viajes en China, aumentaron cerca de 13% cuando los empleados trabajaban desde casa. Esta mejora estaba relacionada con el hecho de que los empleados remotos tenían menos descansos y se desempeñaban en entornos laborales más cómodos.

Las tecnologías de videoconferencia y “tele-presencia” facilitan el trabajo remoto y colaborativo tanto entre empleados de una misma compañía como entre ellos mismos y sus clientes o proveedores en cualquier circunstancia. Su utilización genera un ahorro de costos tanto para la compañía en rubros como la renta del espacio de oficina, como para los empleados, que economizan tiempo y dinero que de otro modo destinarían a desplazamientos, transporte, vehículos, combustible y otros gastos derivados de trabajar fuera de casa.

El “tele-trabajo” no es algo nuevo pero a pesar de que se ha invertido mucho dinero y se han desarrollado tecnologías para impulsarlo, no ha logrado una adopción masiva. Es una solución que se ha ensayado desde hace muchos años pero que apenas empieza a consolidarse en varias empresas. El problema de su lenta adopción se centra en que tanto organizaciones como empleados desconfían de los esquemas de trabajo remoto, de la flexibilidad que el modelo implicad y de las oportunidades de ascender que tienen aquellos que se acogen a esta fórmula. Históricamente las organizaciones rara vez promueven a quien trabaja remotamente porque a pesar de los avances tecnológicos que permiten una conectividad en tiempo real, la cultura del estar y no la del hacer, recompensa a los que se quedan en la oficina más allá de su horario normal. En muchas empresas es mas importante estar presente físicamente en el puesto de trabajo que demostrar productividad o resultados.

Así como el trabajo remoto reduce la utilización de los servicios de transporte y las aplicaciones de “ride-sharing” como Uber y Didi, este fenómeno significa un mayor uso de las plataformas de entrega de comida y productos a domicilio.

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