La pandemia originada por el coronavirus SARS-CoV-2 causante del covid-19, tendrá consecuencias trascendentales para la humanidad. Mas allá de los millones de vidas humanas pérdidas que, como nunca en la historia son contabilizadas en tiempo real, esta situación que estamos viviendo producirá efectos todavía no muy claros a mediano y largo plazo en los aspectos sociales, personales, laborales económicos políticos, sanitarios y otros múltiples aspectos de nuestro llamado estilo de vida. Esta transformación marcará un antes y un después que solo la perspectiva del tiempo permitirá entender y medir adecuadamente.

El miedo a contagiarse y el aislamiento prolongado han empezado a generar transformaciones visibles en nuestra sociedad derivados de las modificaciones a los comportamientos normales a los que estamos acostumbrados que se reflejan en trastornos psicológicos, violencia doméstica aumento de separaciones y divorcios entre otros fenómenos, cuyas secuelas son poco claras y que se han convertido en sujeto de estudio.

La mayoría de los efectos para los individuos son aparentemente negativas y están relacionadas con la percepción de que deberemos modificar algunos hábitos para adaptarnos a la nueva realidad de la sociedad, y que aparentemente seremos menos libres.

En medio de la danza del “martillo y baile”, término acuñado por el francés Tomas Pueyo y que se ha convertido en referente de la discusión sobre el futuro de la pandemia, el crecimiento desproporcionado de la población mundial que por décadas ha venido preocupando a muchos, podrá verse desacelerado debido a la cancelación o posposición de matrimonios, la reducción en el número de nacimientos en los próximos dos años y una caída en la esperanza de vida.

Se estima que la pandemia producirá en Estados Unidos una baja en la natalidad de entre un 10% y 15%, fenómeno similar al ocurrido con la llamada “gripe española”, entre 1918 y 1920. Este desplome en los nacimientos también se verá en naciones como España, Italia y Japón, donde los índices de natalidad ya son deficitarios, generando consecuencias severas para los sistemas de protección social y la financiación de los pasivos pensionales.

Un aspecto que preocupa a muchos expertos en salud es que la pandemia de covid-19 pueda tener efectos generalizados en la salud mental de las personas, algo que parece evidente pero difícil de medir y estudiar debido a que los sistemas tradicionales de salud pública carecen de los sistemas y la agilidad para analizar este fenómeno en el corto plazo.

Un trastorno mental que pareciera estar tomando fuerza es el de la llamada “cibercondría”, la versión moderna de la hipocondría, que se traduce en una preocupación insistente y en algunos casos obsesiva por la salud, que lleva a consultar continuamente en internet acerca de enfermedades que se cree o se teme padecer, por lo general graves, o en busca de síntomas, efectos o posibles tratamientos.

Pero no todo es negativo, por ejemplo, en el campo de la tecnología la pandemia ha acelerado el desarrollo y la adopción de plataformas de videoconferencia para facilitar el trabajo, la educación y la atención en salud de manera remota. Este tipo de tecnologías ha pasado a ser una herramienta muy importante en la vida de un mayor número de personas al permitir mantener el distanciamiento físico, sin un aislamiento social o incluso en algunos casos aumentando esa vinculación social y familiar de manera insospechada.