sábado, 7 de marzo de 2020

Más columnas de este autor Javier Villamizar

Desde el primer caso de contagio reportado por el coronavirus Covid-19, la enfermedad se ha extendido a mas de 80 países, con mas de 97.000 casos reportados y ha provocado la muerte a cerca de 3.500 personas. Aunque la mayoría de los casos inicialmente se concentraron en la ciudad china de Wuhan, el virus ha cruzado fronteras y océanos y se ha propagado rápidamente con focos importantes en Corea del Sur, Italia e Irán.

Aunque el efecto económico de esta epidemia global todavía es muy difícil de estimar, hace unos días el Fondo Monetario Internacional presupuestó que el crecimiento de la economía mundial, estimado en 3,3% para 2019, podría verse disminuido entre un 0,1% y 0,2% como van las cosas. En respuesta a estas cifras, los bancos centrales y los ministros de finanzas del G7 confirmaron que estaban decididos a reaccionar a la crisis.

Por su lado, la Reserva Federal de los Estados Unidos se anticipó y sorprendió al mercado recortando las tasas de interés y el gobierno italiano anunció un estímulo presupuestario por el equivalente a 0,2% del PIB considerando que este país es el mas afectado por el contagio en la Unión Europea. No se espera que un intento coordinado de los principales bancos centrales mundiales pueda detener el virus, pero al menos supone una inyección de confianza en el sistema económico global cuando este más lo requiere.

Lo que ha dejado al descubierto este nuevo mal que azota el mundo, es la profunda dependencia global de los sistemas de producción y las cadenas de suministro de múltiples industrias. Considerando que China contribuye con alrededor de 40% del crecimiento del PIB mundial, es difícil encontrar sectores o empresas que no dependan de lo que pasa allí. La actividad en las fábricas chinas ha disminuido a niveles muy bajos y en algunos casos se ha detenido por completo por falta de mano de obra.

El momento del brote fue crítico ya que coincidió con el regreso de los trabajadores a sus pueblos de origen durante dos semanas para celebrar el Año Nuevo Lunar y las posteriores medidas del gobierno chino que para contener la epidemia los dejaron atrapados, sin poder volver a las fábricas.
La disminución drástica del flujo de barcos de carga provenientes de esa nación y de turistas chinos alrededor del mundo esta haciendo mella en industria como la portuaria y la hotelera a nivel mundial.

Los sectores textil (54% del volumen del producto textil del mundo), farmacéutico, de alta tecnología (46% de productos electrónicos como teléfonos móviles y computadores son producidos en China) y de artículos para el hogar son al parecer los más afectados por los cierres de fábricas en China, aunque otros como el automotriz, el de juguetería e incluso el de defensa también han empezado a mostrar preocupación por una potencial escasez de componentes o materiales que se producen casi que de manera exclusiva en el país asiático.

A medida que el impacto de la epidemia es analizado en las empresas, se hace necesario que los encargados de la cadena de suministro se pongan en la tarea de preparar a la organización para la recuperación y para buscar alternativas mientras la situación se normaliza. Esto implica la búsqueda y homologación de nuevos proveedores, así como de rutas y modos de transporte alternativos.