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ANALISTAS 14/08/2026

¿Para qué sirven los bancos del Estado?

Javier Díaz Fajardo
Miembro de la Junta Directiva de la Financiera de Desarrollo Nacional

Los bancos públicos de desarrollo (BPD) -entendiendo, para estos efectos de esta columna, que por “bancos” me refiero a Bancóldex, Banco Agrario, Financiera de Desarrollo Nacional (FDN), Finagro y Findeter, y que el vocablo “banco” lo uso en sentido amplio y no necesariamente jurídico- constituyen un puente ideal entre la financiación pública y la privada. En los diversos frentes de acción de los BPD se encuentra el potencial para poner el país al día en infraestructura y ayudar a reducir la pobreza, que sigue afectando cerca del 30% de la población.

En algunos países de ingreso medio, los BPD son actores con participación preponderante en el sistema financiero. En Colombia, el peso relativo de los BPD es pequeño: agregando los activos, la cartera y el patrimonio de los cinco BPD, se evidencia que, por cualquiera de estas métricas, no alcanzan a representar el 10% del sistema bancario. Sin embargo, su fortaleza no radica en su tamaño sino en el uso adicional que cada uno puede hacer de sus recursos.

De los cinco BPD, el Banco Agrario es el más grande y el único que se puede considerar “banco universal”, con productos y servicios financieros similares a los de los bancos comerciales. Con fondeo privilegiado de los depósitos judiciales y presencia en todo el territorio nacional, y sin olvidarse del pequeño productor, puede enfocarse con más fuerza en el financiamiento de grandes proyectos transformacionales del agro. Tiene solvencia (v. gr., capacidad patrimonial) suficiente para lograrlo, y con refuerzos a su gobierno corporativo, podría emitir valores en el mercado público para fondear proyectos de largo plazo.

Finagro obtiene su fondeo de las inversiones forzosas que los bancos privados deben hacer en los Títulos de Desarrollo Agropecuario que emite, a tasas atractivas para la entidad, pero sub-óptimas para los bancos obligados a comprarlos.

Con los recursos obtenidos, Finagro vuelve y le presta al sistema financiero a tasas por debajo de mercado, para que a su vez éstos les otorguen crédito barato a los clientes finales. La eficacia de esta triangulación puede ser reevaluada, atendiendo que la gran mayoría de lo que Finagro “redescuenta” lo hace a través del Banco Agrario, otro de los BPD, y el sistema financiero ha optado por prestar sin uso de este mecanismo con la llamada cartera sustitutiva.

Bancóldex es emisor recurrente de bonos y cuenta con otras fuentes de financiamiento, nacionales e internacionales, que no dependen del Presupuesto General de la Nación. El buen nombre de Bancóldex como receptor de crédito se ha construido a lo largo de tres décadas, en las cuales también ha fortalecido su gobierno corporativo y ha transformado su modelo de negocio: de un banco exclusivamente de redescuento a uno que otorga crédito directo a pymes y a grandes proyectos, como Puerto Antioquia en la región del Urabá.

Con amplia solvencia, puede ahondar la financiación de megaproyectos empresariales apalancándose en garantías de la banca multilateral.

En 12 años, desde que la Financiera Energética Nacional se transformó en Financiera de Desarrollo Nacional, la FDN ha construido un portafolio de grandes proyectos de infraestructura vial, y recientemente ha diversificado en otras formas de infraestructura, destacándose el apoyo reciente a proyectos de energía solar.

Con solvencia de sobra, puede acelerar esta diversificación y atraer más recursos externos a los proyectos que financia; este crowding-in de la financiación privada, que ha construido de manera singular, puede multiplicarse aún más que en el pasado. La FDN puede, y debe, seguirse preparando para un mayor acceso al mercado público de valores.

Al igual que Bancóldex, Findeter es ampliamente conocido por su diversificado acceso a inversionistas locales y extranjeros; sin embargo, Findeter es el único de los BPD que obtiene cuantiosas partidas del Presupuesto General de la Nación para otorgar créditos. En el caso de esta entidad, valdría la pena analizar la eficacia y el impacto de este modelo de crédito subsidiado y fortalecer su gobierno corporativo. También sería útil analizar los roles de financiador, estructurador y ejecutor de proyectos que esta entidad ostenta.

Esta capacidad ampliada de los BPD requerirá algunos cambios normativos, que bien pueden darse con ocasión de la presentación y discusión del Plan Nacional de Desarrollo del gobierno que comienza. Bien estructurados, estos cambios pueden llevar los BPD a ser verdaderos motores de desarrollo, asumiendo mayor riesgo, mayor plazo, y mayor apalancamiento privado, en un esquema en el que no se compite con el sector privado sino que se colabora con él.

Los BPD fueron creados para “cerrar brechas de mercado”, bajo una lógica que ya se trascendió; ahora se necesita evolucionar hacia un modelo de mayor articulación pública, privada y multilateral, con una enorme ventaja: el endeudamiento de los BPD no hace parte de, ni aumenta, el déficit del gobierno central. En la coyuntura fiscal actual, los BPD re potencializados permitirán atraer inversión masiva y acelerar decididamente el crecimiento económico.

Nota: Las opiniones expresadas son personales y de ninguna forma representan a la FDN, a la junta directiva o a sus accionistas.

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