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Analistas 27/08/2021

Perder por conocer, no es perder

Javier Arenas Romero
Director Harmex S.A.

Recordamos este adagio popular: perder por conocer, no es perder, ahora que se reinician las clases presenciales en los colegios e instituciones públicas y millones de menores y adolescentes quedan en manos de profesores adoctrinados por Fecode y su lucha ideológica, dedicados a sembrar odio y mentiras en las aulas de clase.

Se trata de algunos profesores mal intencionados que traicionan la bella labor educativa para alienar la inocencia de la juventud y producir milicianos que seguramente entrarán en organizaciones vandálicas, proclives a los actuales carteles de narcoguerrilla urbana.

Colombia perdió con los bloqueos y levantamientos, pero conoció la intención, la táctica y la realidad de varias organizaciones legales e ilegales que soterradamente intentan desestabilizar al país, tal como se evidenció en el reciente paro auspiciado por Fecode y promovido por algunos jefes de la ramplona izquierda, las Farc y las milicias del ELN.

El Gobierno debe utilizar todos los instrumentos disponibles para recuperar el sector educativo público, que desde hace muchos años es manipulado y atacado por la Federación Colombiana de Educadores.

No hay una palabra más empleada, cuando se hace referencia a este sindicato, que la palabra lucha. Dicen luchar contra el neoliberalismo, contra el capitalismo, luchan por el pluralismo del gremio, luchan en contra de los sindicatos patronales, luchan por un modelo libre de cátedra, luchan para que la evaluación de sus maestros no sea punitiva, luchan por una reivindicación salarial… luchan por supuestos derechos, pero sin hablar ni asumir con responsabilidad sus deberes.

Están siempre en pie de lucha. Todo esto, sin ahondar en el capítulo en el que Nelson Alarcón, presidente de ese sindicato, interviene como político de barrio. Sin un ápice de respeto a la democracia, acepta que luchan para obtener el poder del gobierno en 2022, en nombre de la izquierda violenta, como si en lugar de organización sindical fuese un nuevo movimiento político. Sin reserva, invita a la confrontación vandálica, tal como lo hace el espurio comité que imparte tácticas macabras a utilizar en bloqueos, paros y revueltas.

No habría tope en la descalificación que merecen las continuas amenazas vociferadas por ese sindicalismo mezquino e incendiario. Repugna su forma de concebir la sociedad, y la tétrica capacidad de adoctrinamiento revolucionario a la que podrían someter, desde la posición de autoridad de los profesores, a muchos de nuestros millones de jóvenes estudiantes y a un número superior de padres de familia que han confiado en la educación pública como medio de progreso.

Ahora se comprende que el problema no es de políticas de Estado, y mucho menos de fondos para los programas de educación. El Gobierno, con apoyo del Congreso permitió que el sector pasara de $38,5 billones en 2018 a un presupuesto de $49 billones, es decir, un incremento de $11 billones para 2022, lo que lo ubicaría como el sector con mayor presupuesto.

Con 33 sindicatos regionales y filial de la CUT, Fecode tiene acceso a más de 270.000 maestros, sin lugar a dudas, semilla suficiente para sembrar el cambio en la juventud colombiana. Necesitamos que el Ministerio promueva una educación ética, tanto para los estudiantes como para los profesores.

De hecho, los bien intencionados planes del Gobierno para completar la trayectoria educativa de niños y jóvenes, pueden verse troncados sino se revisan con seriedad y transparencia los conflictos conceptuales que exhibe el gremio educador, representado por Fecode.

El problema no es efímero, es la tardía reacción ante el enquistamiento de un sindicato históricamente negligente, permeado por doctrinas revolucionarias e interesado en los multimillonarios recursos disponibles. La educación hoy, es un tema de seguridad nacional y no podemos permitir que el “verbo rector” en las entidades educativas, siga siendo movilización y lucha.