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Analistas 23/11/2021

La fórmula de la triple C

Jaime Alberto Leal Afanador
Rector de la Unad

Más allá de mi experiencia de más de 30 años dedicados a la gestión universitaria, son los estudios técnicos y la historia de la Universidad, en Colombia y en el mundo, los que confirman que llevar debidamente el gobierno de una Universidad es una tarea compleja, que demanda el control de innumerables variables para satisfacer las muy diversas expectativas de una comunidad universitaria y de efectiva gestión para evolucionar su desarrollo con indicadores de impacto significativo.

No en vano el investigador Burton Clark calificó a las universidades como “anarquías organizadas”, no por su rol político sino por la potencial ineficiencia de su clásica estructura organizacional. ¿Ejemplos? muchos: En la Universidad hoy somos rectores y mañana profesores, y viceversa; mientras somos estudiantes, podemos condicionar decisiones estratégicas en un Consejo Superior; no hay consenso en torno de la razón misma de la Universidad (la verdad, la ciencia, el debate, el estudiante, el egresado, la sociedad...), y no siempre la razón se impone, pues los afectos y las reacciones en defensa del statu quo tienen un peso muy grande.

¿Qué contribuye al buen gobierno universitario?, ¿qué elementos permiten que la comunidad gire en torno de una visión compartida, que un rector tenga credibilidad y autoridad en su comunidad, que los órganos colegiados actúen según propósitos superiores y no en torno de intereses particulares, y que la Universidad impacte y crezca en indicadores?

Nuestro sistema de educación superior afortunadamente ha iniciado la reflexión al respecto. El Consejo Nacional de Educación Superior Cesu y el Ministerio de Educación nos convocaron a analizarlo y si bien diagnósticos de cobertura, calidad, tendencias, entorno socioeconómico ayudan a su comprensión, una debida organización estructural, normativa, financiera y jurídica de las universidades también son determinantes en el mejoramiento continuo.

Influye también el estilo de dirección para una apuesta institucional de largo plazo, pues es determinante para consolidar y alinear la comunidad académica en torno de un proyecto colegiado. Dicho estilo responde a aplicar la que he llamado fórmula de la Triple C, que no es otra que la conjunción permanente de: Confianza, Comunicación y Coherencia.

Si el rector y todo su equipo de liderazgos universitarios se identifican y se comprometen en torno de objetivos estratégicos con una visión de la universidad en pro del desarrollo social, si hay acuerdos éticos, con respeto, trabajo inteligente productivo, responsabilidad común, preocupación por las comunidades y territorios, compromisos por la calidad y el buen servicio, y si siempre tienen presente que su misión es servir, en colectivo, a toda la Universidad y no solo a uno de sus segmentos; la estabilidad institucional permitirá avanzar y superar las amenazas para transformar momentos de crisis en grandes oportunidades.

Escuchar el argumento y gestionar el conocimiento para cumplir lo visionado, actuar con coherencia y aprender de los fracasos, demuestran el carácter humano de la Universidad como colectivo inteligente, mucho más cuando ella se reconoce como conciencia critica de la sociedad por la que trabaja y a la cual le brinda su gestión formativa integral.