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Seguridad social para los cafeteros

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Se ventila nuevamente por Eduardo Lora la necesidad de vincular al campesino cafetero a la seguridad social. Tema sobre el que se han realizado muchos anuncios desde la Federación, pero no se ha concretado un gran programa masivo de afiliación.

En primer término hay que distinguir entre un campesino propietario cafetero y un trabajador cafetero. El primero es la razón de ser. Para el segundo, constituye una obligación de cada empresario cafetero cumplir la ley, vinculando a la seguridad social a los trabajadores que contrata, así estos sean transitorios. 

Este programa atendería una necesidad reiterada por los campesinos, principalmente los que van llegando a cierta edad, para obtener una pensión, especialmente porque ven con alarma como, gracias al café, educaron a sus hijos con una energía que transformada en fuerza, les ha permitido por décadas trabajar su finca y que ahora, con el pasar de los años, se encuentran ante una realidad en la que solos y envejecidos, van perdiendo su capacidad de llevar a cabo las labores, y observan con tristeza e impotencia como se deteriora su cafetal; se envejecen por igual el dueño y el cultivo. Entran en el círculo vicioso de la pobreza, cuando disminuye la producción por falta de prácticas culturales al cafetal, y se encuentran sin una mesada y sin la posibilidad de vivir de su finca cafetera, de la que sus hijos migraron, gracias al café.

Comporta esta situación un relevo generacional para el cultivo de todas esas pequeñas parcelas que se quedan sin quien las trabaje, y que representa una oportunidad para campesinos sin tierra, con capacidad de encontrar en el café una forma de vida.

La mayor demostración de cómo una población nueva lo puede lograr es el caso del departamento del Huila, que prácticamente dobló el área cultivada en diez años, para convertirse en el mayor productor del país, con población joven en un modelo de absoluto minifundio.

Se calcula que más de la mitad de los propietarios están llegando a esa edad avanzada, por lo que es necesaria una solución de parte del Estado en los planes para esta población, ya en ejecución. La salud – gracias a las reformas de este Gobierno – otorga cobertura universal y trato igual para todos los colombianos, al menos tiene una solución.

Para que panorama no se repita con las nuevas generaciones hay que liderar una campaña nacional de afiliación a pensiones como trabajadores independientes, en el actual sistema, así como en los denominados Beneficios Económicos Periódicos, BEP, opción para los que no alcanzan a cotizar para un salario mínimo, para quienes el Estado otorga un subsidio del 20%.

La Federación debería apoyarse en instrumentos como la Cédula Cafetera Inteligente, incentivando las afiliaciones, de la misma manera que se ha hecho con los programas de crédito, y recaudando el aporte al sistema de pensiones por este medio – mecanismo que ofrece la garantía de seguimiento al sistema de seguridad y al pequeño empresario cafetero – para que con los pagos que reciba el productor por la venta de café, autorice descontar los aportes al sistema. Las esposas han demostrado ser grandes aliadas para que estos programas tengan éxito.

Se requiere que las compras de café se efectúen con la Cédula Cafetera para lo que fue diseñado el sistema, convirtiéndola en el verdadero dinero plástico en la zona cafetera. La entrega del PIC demostró que los compradores privados de café sí pueden utilizar el sistema. Se debería tomar la medida de dar acceso a todos y cada uno de los establecimientos que adquieren café para que de esa manera se pueda masificar su uso, y no restringir un programa como el del pago del aporte para la pensión solo para los productores que vendan el café en la red de la Federación.

El “Programa Prosperar” que ejecutó el Estado fue un éxito. Había que ver campesinos en los pueblos, abalanzados para reclamar la factura y pagar lo que les correspondía, con la esperanza de una pensión. Fácilmente más de 250.000 cafeteros de menos de cinco hectáreas están en capacidad de aportar los $140.000 mensuales que señala la Federación, pero hay que convencerlos, preferiblemente con zanahoria.

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