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Producir café robusta

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El presidente de Asoexport, Carlos Ignacio Rojas, ha planteado nuevamente el debate sobre la producción de café robusta en Colombia. Afirmó “debe ser una decisión privada sin que nadie la imponga”, y agregó “ lo que cuenta es el margen de utilidad y lo que funciona es lo que sea rentable”.

 
En primer lugar el país debe saber que no existe ninguna norma que prohíba cultivar café robusta en Colombia. Por lo tanto, todo este debate que hace aparecer a la Federación como resistente al cambio es infundado, y el no darlo la ubica ante la opinión como enemiga de nuevas opciones para el país. Colombia importa hoy más de 900.000 sacos de café al año, principalmente de Ecuador, Perú y Brasil, lo que significa que la industria estaría lista a consumir la producción de más de 50.000 hectáreas.
 
Esta es una discusión de intereses creados.
 
El primero, es de los exportadores, comerciantes, en su mayoría compañías extranjeras, que necesitan volumen y margen, razón de ser de sus negocios y les da igual si es café robusta o arábigo, pues manejan en el mundo las dos variedades de café.
 
Asoexport siempre ha luchado por exportar café sin tener en cuenta su calidad, lo que obedece a los intereses de sus agremiados, pero no al de los cultivadores. Si en Colombia se cultiva robusta, más estricto tiene que ser el control de calidad en puertos para poder garantizar al mercado la diferencia.
 
Los industriales mezclan precio y calidad para obtener un producto que se adapte al mercado nacional y al de exportación, para lo cual utilizan café excelso colombiano, inferiores colombianos y robusta importado. Por lo tanto, les interesa contar con proveedores nacionales.
 
Los cultivadores de café arábigo suave colombiano tienen el derecho a defender su negocio.
 
 Por décadas se ha definido que Colombia solo exporta café suave, calidad excelso, y los consumidores han reconocido una prima que se revierte en mayor ingreso para el productor. Para garantizarla, la FNC debe revisar la calidad de cada embarque. Por lo tanto, poner en riesgo esa prima, solo le corresponde definirlo al gobierno nacional.
 
Cada semana un país reconoce el origen Colombia, otorgando más valor a esta calidad.
 
Los productores de la zona Andina ven una amenaza en el robusta por la disponibilidad de mano de obra. Esta semana en el Quindio demandaban a gritos 7.000 trabajadores para recolectar la cosecha.
 
Los cafeteros que llevan 88 años construyendo sus instituciones de investigación, extensión rural, comercialización y marcas, seguramente no están dispuestos a destinar recursos para desarrollar el negocio en otras regiones por los grandes empresarios agrícolas.
 
Defensores de la iniciativa, como el columnista Mauricio Botero, deben desarrollarlo  por su propia cuenta y riesgo, pero no pueden pretender que la Federación se ocupe del tema.
 
El nuevo agricultor de la altillanura debe fabricar el suelo, mientras la caficultura actual se fue extendiendo por el mapa nacional solo en donde el suelo y la oferta ambiental eran óptimos.
 
El arábigo suave fue por 150 años instrumento de colonización, fundamental para ocupar la población del campo y combatir la pobreza rural. El Llano se debe poblar porque  no cuenta con mano de obra. Se calcula por los expertos que hay que llevar más de dos millones de personas en los próximos años para los proyectos que se están ejecutando. 
 
El café robusta  necesita mano de obra en grandes cantidades, si tenemos en cuenta que son árboles que se reproducen por clones y requieren personas en la recolección.  
 
El empresario debe hacer las cuentas y concluir si cultivar un café que se vende a mitad de precio en las bolsas de commodities del mundo, es un buen negocio.
 
Solo el Gobierno puede decidir lo que más le conviene a Colombia, entre los intereses que defienden los campesinos productores de cafés suaves y los empresarios que proponen cultivar y exportar robustas. Y si concluye que no se hacen daño, debe garantizar que los actuales productores no se vean afectados en el precio internacional ni en la disponibilidad de mano de obra. Gobernar es administrar intereses y decidir lo que más conviene a la mayoría, teniendo en cuenta que no hay decisión sin afectados.
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