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Época de reformas

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El nuevo gerente de la Federación de Cafeteros, Roberto Vélez, ha demostrado que tiene la capacidad de hacer reformas fundamentales - sin temor- con el ánimo de modernizar la institución y los instrumentos de política cafetera. Una de las más apremiantes es la reforma de los estatutos del gremio, para que se adapten a las exigencias de una democracia moderna.

La última reforma la propuso Gabriel Silva y se materializó en el congreso de 2003, después de que el proyecto fuera capturado, en su momento, por los representantes al comité directivo de Antioquia, Caldas y Valle, quienes en una actitud retardataria, sin tener voto en una reforma de estatutos, buscaron  defender el estado de cosas e impedir el cambio que se requería. Con gran esfuerzo y acudiendo a las bases, se logró que por primera vez en 75 años se sentara en la misma mesa a todos los departamentos. Sólo podían asistir siete de los 15 comités que conforman la Federación.

También logró Silva -con enormes costos políticos internos- que en la distribución de los recursos del Fondo del Café se tuviera en cuenta el número de familias. Hasta esa fecha solo regían como variables el área y la producción, en un gremio dominado siempre por los grandes productores.

Quedan, por tanto, temas fundamentales como por ejemplo, que se apruebe el voto de cada delegado con un valor igual y sea libre, independiente del departamento del que provenga. De la misma manera, y tratándose de recursos públicos, todos los ciudadanos tienen los mismos derechos. Por lo tanto, las circunscripciones electorales se deberían establecer únicamente en función del número de cafeteros, sin importar su tamaño. Hoy existen circunscripciones con 1.500 productores y al lado, otra con 10.000 pequeños caficultores, llenos de necesidades, y repartiéndose los mismos recursos. La definición de las circunscripciones por lo tanto, no puede ser facultad de quienes están en el poder, que no tienen interés que se atomice y democratice.

La reelección máxima debe ser por un periodo; se aumentan las oportunidades y se evita que quienes están en el poder, y son los patrones reales de los extensionistas, los conviertan en sus jefes de debate. El Congreso Cafetero se debe reunir por videoconferencia cada mes, como ya se ha hecho con éxito, para deliberar y tomar las decisiones de manera participativa. 

En consecuencia, el Comité Directivo lo deben conformar los presidentes de los comités departamentales; se terminaría  la conspiración permanente para cambiar el delegado nacional por un miembro departamental. En los últimos años han derrocado a doce de quince delegados. Hay que permitir que los miembros de los consejos de administración de las cooperativas cafeteras y de los grupos asociativos, puedan ser elegidos como delegados al Congreso Cafetero.

En el entendido que la actividad gremial es una expresión de la sociedad civil para defender los intereses colectivos de su actividad y de la sociedad en general,  los gremios del país son entidades sin ánimo de lucro y cuentan en sus juntas directivas con personas a quienes sólo les anima el interés de servir, y por lo tanto participan completamente gratis. Es hora de abolir los honorarios y prebendas  de los miembros de los comités directivo y departamental, que cuestan el equivalente a 5% de la cuota anual de administración, que paga el Fondo Nacional del Café, recursos que se pueden destinar a programas para las familias cafeteras.

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