Analistas

Dificultades cafeteras

Cuando se acercan las elecciones o se mueve la tasa de cambio, se escucha el quejido cafetero al que el país ya está acostumbrado. Es un discurso igual desde 1989, solo que ahora lo mueve Dignidad Cafetera, que se ufana del paro de 2013. Gracias a la impunidad de la que han gozado y los resultados que obtuvieron, que ahora les sirve para amenazar al Gobierno en el Comité Nacional con el cuento que si no les ayudan, Dignidad se rebota y hace paro o se crece. Todo el país conoce que son la misma cosa, que ya ingresaron a la directiva del gremio por voto cafetero, actúan muy parecido, con el mismo discurso, se hacen el juego.

Sin que nadie niegue que el precio interno ha disminuido, es muy difícil creer en que están en “la más grave crisis de la historia”; marzo registró la producción más alta de ese mes en los últimos trece años y la producción sostenida en los últimos tres años, pasó de siete a 14 millones de sacos, durante el gobierno de Juan Manuel Santos.

Reiteran que es inadmisible que el precio en dólares sea el mismo de cuando se rompió el pacto, hace 29 años; pero resulta que precisamente ese era artificial y cuando ese precio se formó por efectos de la oferta y demanda, se redujo a cerca de US$ 0,40. Por lo tanto, en promedio en los últimos 10 años es el triple de ese piso que tocó, pero el mercado y la producción se han duplicado.

Parte de la catequesis que requieren los líderes cafeteros por parte de quienes orientan la política cafetera, es lo que sucede en un mercado mundial abierto, en el que el precio lo forman la oferta y la demanda y no se ajusta por inflación, y que para sobrevivir en ese mercado se requiere ser muy eficiente y tener capacidad de afrontar los ciclos bajos.

Como lo mencionaba el presidente López Michelsen, cuando el café lideraba el sector, la ducha fría del comercio internacional nunca se soportaba, por el poder político y la necesidad del país de los dólares cafeteros. Hoy, la realidad es diferente.

Se desgastan pidiendo precio justo, proponiendo retención y pactos con los consumidores, pero ninguna de las tres es posible en un mundo globalizado y los líderes tienen la obligación de no aupar estas iniciativas, que por lo irreales generan frustraciones así reciban aplausos en el corto plazo.

Reclamar lo mismo de siempre disminuye la credibilidad: Precio justo, no volatilidad del precio, fondo de estabilización, subsidio para renovación, seguridad social para el trabajador cafetero por cuenta del Estado, bajas tasas para crédito y refinanciación de la deuda, insumos baratos y últimamente, la no bancarización. Esta última petición -como solicitud de un gremio, parece un absurdo en el mundo moderno-, se refiere a la norma tributaria que no permite deducir los gastos pagados por fuera del sistema financiero y que afecta a menos de 1 % de los productores obligados a declarar renta, que son los que lideran y redactan las solicitudes; a los demás los tiene sin cuidado, pero sirven de escudo a esta absurda solicitud.

Proponen una reunión con los precandidatos en la que lloverán ayudas en cada discurso, por cuanto nadie va a cometer el error de hablar con la seriedad que el tema requiere, esperanzados todos en ser favorecidos con el voto de los productores. Finalmente, planean un nuevo plantón cafetero para el 4 de mayo, olvidando que el gobierno que más les ha entregado, ya termina su mandato.