Analistas

Cambio en la SAC

Muy acertada la decisión adoptada por la junta directiva de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC), al designar a Jorge Enrique Bedoya como su presidente, vocero y orientador de la entidad cúpula del sector agropecuario. Un economista que se ha desempeñado con lujo tanto en el sector público como en el privado. Seleccionado por Top Management, redefiniendo la junta, el camino hacia una institución moderna, propositiva, visionaria e influyente.

Se enfrenta el nuevo presidente a una de las tareas más difíciles de las colectividades, dada la naturaleza especial de la SAC -por ser un gremio de gremios- y por lo tanto tener como afiliados y en su junta directiva a los presidentes de asociaciones del sector agrícola, líderes con su propia agenda, generalmente rivales, que muchas veces tratan de dejar a la SAC lo que les incomoda o los desgasta.

La SAC es el gremio más antiguo de Colombia, sin embargo, no ha evolucionado en el discurso, con un postulado básico como el proteccionismo, cobrándole al país una deuda con el campo que deberían pagar realmente los empresarios agropecuarios. Cuando precisamente una de las razones fundamentales del atraso de ese sector ha sido la falta de competencia internacional, que lleva a ineficiencia y trae como consecuencia el encarecimiento de la canasta familiar.

Los sectores más competitivos internacionalmente en Colombia han sido los que venden al mundo, como las flores y el banano, que buscan nuevos mercados todos los días, aprovechando las ventajas del comercio internacional. Ellos se lanzaron a apoyar al Gobierno Nacional en el año 2003 cuando se preparaba para recibir a Robert Zoellick, Subsecretario de Estado de los EE.UU., quien traía como misión ofrecernos la negociación de un tratado de libre comercio ante el fracaso del ALCA, propósito al que se unió Jorge Enrique Bedoya como Presidente de Fenavi, a pesar de representar un sector enfocado básicamente hacia el mercado interno.

Mientras la mayoría de la SAC se oponía radicalmente, a pesar de la insistencia y colaboración de Rafael Mejía por demostrar que era una gran oportunidad, Bedoya entendió lo que podía significar para su sector tener acceso a materias primas a precios competitivos y se lanzó a buscar una negociación en términos favorables para los avicultores, sin dejar de respaldar la producción nacional, dando además su famosa batalla por los trozos de pollo. 

El tiempo demostró que este dirigente logró liderar la avicultura por un sendero de crecimiento, aprovechando las ventajas del comercio internacional, entregando sus productos a un mejor precio al consumidor generando altos grados de consumo. No solo crecieron más que el sector agropecuario, sino gracias a su mayor productividad y menor costo de materias primas, aportaron al bienestar de los hogares. Por ejemplo, en el año 2003 con un salario mínimo se podían comprar 1.956 huevos, en 2015 el mismo salario alcanzaba para 3.001. 

Este resultado que las amas de casa reconocen todos los días a Bedoya adquiriendo más pollos y huevos, es lo que esperamos de su liderazgo frente a los demás sectores de agro, que siguiendo este ejemplo de modernización e internacionalización -que no de sustitución de importaciones a ultranza- se conviertan en modelo de crecimiento, progreso y generación de riqueza. Su reto serán seguramente los temas transversales a todos los subsectores, generando bienes públicos y aprovechando nuestras ventajas comparativas.